Santiago
Posteguillo nunca defrauda, al menos a mí. El Imperio romano con su legado lingüístico,
jurídico, cultural, político, artístico y religioso que tanto ha influido en la
civilización occidental siempre me ha resultado, apasionante.
La novela amena y bien documentada, con capítulos que alternan distintos
escenarios, circunstancias y una gran variedad de personajes, engancha de
principio a fin. El autor consigue transportarnos a la época de Julio César, en
el 58 a.C., a Roma, la Galia y Egipto. A un momento histórico, lleno de intriga,
estrategia, batallas y asedios, en que aliados y enemigos se enfrentan por el
poder de gobernar.
Con esta
novela Posteguillo nos muestra la faceta de César más como militar y
conquistador, que como político y orador. Un personaje complejo, con una vida
personal muy traumática en ciertas ocasiones. Se enfrenta
a uno de los mayores desafíos históricos de todos los tiempos: la conquista de
las Galias. César trasladó la frontera del Estado romano del norte de Italia
hasta el mismísimo Rin. Aunque en algunos momentos las batallas extensamente explicadas
al detalle se pueden hacer un poquito pesadas, se lleva bastante bien. La novela, larga e intensa, requiere máxima atención, te absorbe por completo. Los tres
mundos es el tercer libro de lo que va a ser una pentalogía sobre Julio César. El autor nos deja con ganas de más, quedan muchos asuntos pendientes.
Comparto
algunas frases de los personajes de la novela que he sentido tan, tan actuales.
Invitan a la reflexión.
“El
descontento popular conduce a las revueltas, y las revueltas a la
desestabilización global de todo un estado”.
“La
eterna historia del mundo, amigo mío: unas monedas de oro siempre marcan la
diferencia. El arte de la política está en saber siempre a quién ofrecérselas”.
“La
lealtad nunca se consigue por el miedo. No la lealtad auténtica. Se consigue
por amistad, por admiración o por amor”.
“Son
muchos ya mis años y la experiencia me dice que la radicalidad nunca conduce a
nada bueno”.
“Está
considerando alterar todas las legislaciones existentes y ajustarlas a su
antojo en beneficio de sus seguidores extremistas. De la locura nadie está a
salvo una vez que ésta campa a sus anchas”.
“Sospechaba
de todos los senadores. Sus motivaciones solían ser siempre económicas y
personales y muy pocos se preocupaban en verdad por el bienestar del pueblo de
Roma”.
“El
instinto de supervivencia dota al ser humano de fuerzas casi sobrenaturales”.
“Está
bien mantener una línea de comunicación con todo el mundo. Con los enemigos
políticos en especial”.
“El
rencor duerme, a veces se doméstica y hasta se aprende a convivir con él a lo
largo de una vida. Pero nunca jamás se desvanece por completo en el corazón de
un auténtico guerrero”.
“Dictador
es una palabra con malas connotaciones. Llamémoslo mejor cónsul único. Te sorprendería
lo que la gente, sutilmente engañada por el sortilegio de los eufemismos, puede
llegar a aguantar”.
“Marco
Antonio era un magno compendio de defectos, pero tenía una virtud clave en el
ejército romano: era fiel. Leal a sus mandos y con los hombres bajo su mando.
Era un líder nato”.
“Ni los
galos, ni los britanos ni los germanos habían podido con Cayo Julio César, pero
la muerte de su hija y de su nieto había sido una derrota total, absoluta,
incontestable. Estaba seguro de que César ya nunca sería el mismo”.
“Cuando
el jefe militar siente miedo, ese mismo pánico se transmite de unos a otros por
toda la cadena de mando, desde el legado a los tribunos, de éstos a los
centuriones y así hasta el corazón asustado de cada uno de los legionarios”.
“Sabía
que ya había sembrado la semilla de la discordia, que crece con la envidia y se
riega con la ambición”.
“Hay decisiones
que pueden cambiar la vida y el mundo. O que pueden suponer la muerte para
muchos. Incluso para uno mismo. Hay decisiones que se han de meditar”.
“La
naturaleza humana parece no tener fin cuando se da rienda suelta a la codicia”.
“Has de
ascender políticamente y, luego, ya se irá viendo con quién de todos ellos,
César, Cicerón o Catón, hay que pactar”.
“Yo pactaría
con el Plutón del inframundo si eso nos diera poder. Luego una vez en el poder,
ya me vengaría de mis enemigos, uno a uno”.
“Los aliados
no se devoran entre sí”.
“Una
negociación no puede llegar a buen término nunca si una de las dos partes simplemente
se niega a negociar nada”.
“Alimento
sus ansias de poder para resquebrajar aún más la familia real, para crear
divisiones y discordia entre los hermanos. Si la familia real se uniera nuestro
poder decaería exponencialmente. Los necesitamos divididos para favorecer
nuestro control del reino”.
“Cleopatra
tiene una cierta tendencia a una compasión por el pueblo que pude chocar por completo
con los intereses de los santuarios y templos. Cleopatra, me consta, siempre ha
pensado que el clero somete a los egipcios a tributos excesivos”.