Chris Whitaker nos entretiene con una historia de amistad y lealtad, de superación y búsqueda. Los protagonistas, dos adolescentes, Patch y Saint, vivirán un suceso traumático que alterará y marcará sus vidas para siempre. Durante veinte años compartirán la obsesión de encontrar respuestas, a los culpables, y a una persona desaparecida. Al lector le irá sucediendo como a algunos de los personajes, llegaremos a dudar de si esa chica es real o fruto de la imaginación de Patch mientras estuvo retenido. Él y su eterna compañera de vida Saint, una mujer fuerte y luchadora, conseguirán su propósito con tenacidad, ilusión y esperanza.
Los personajes principales, los que les acompañan durante años, y los que entran y salen de la vida de los dos protagonistas están muy bien logrados. También la ambientación y las descripciones. La novela mantiene el interés en todo momento, aunque la parte central resulta un poco lenta y repetitiva. Y llega a ser poco creíble y un tanto cansina la prolongada obsesión de los protagonistas. El último cuarto del libro vuelve a ser emocionante y vertiginoso.
La novela nos lanza un mensaje sobre lo que nos podemos perder cuando vivimos atados a una obsesión, anclados en el pasado, en lo que nos hizo daño, pero también nos habla del poder de la amistad, de la familia, de comprensión y confianza.
“Saint sabía que algunos confundían el dinero con la clase, la rabia con la fuerza”.
“El tiempo transforma nuestra capacidad para encajar de otra manera las cosas que nos duelen”.


