La novela del periodista Jon Sistiaga te remueve, es directa y realista, muy bien documentada, compleja. La trama muy bien articulada, con unos personajes muy bien construidos, te envuelve, te mantiene en vilo, incomoda y te obliga a reflexionar. El autor afirma que este libro es ficción, pero refleja tantas realidades, que quizás no se la recomendaría a las personas que vivieron de cerca el terrorismo de ETA en el País Vasco. Al resto sí. Porque la novela habla, entre otros temas, de aquellos que justifican la violencia e intentan legitimarla. De las cabezas pensantes que distorsionan y tergiversan la realidad, capaces de manipular y convencer para que otros actúen.
Me ha impresionado la capacidad de Jon Sistiaga, reconocido reportero y documentalista que ha cubierto conflictos y guerras en los Balcanes, Irak, Ruanda, Irlanda del Norte o Afganistán, entre otro muchos, además de haber vivido en primera mano los peores años del terrorismo en el País Vasco, para mostrar a través de los personajes principales: la víctima y su hija, el etarra arrepentido, el que no lo está, y un inspector de policía; los discursos, argumentos, las lealtades y traiciones, los secretos, la maldad y violencia más perversa y extrema que sufrieron una parte de la sociedad vasca. Y su capacidad de resiliencia para sin olvidar poder vivir en paz.
La novela a través de capítulos cortos va y viene del pasado al presente. No es fácil, ni cómoda, pero me ha parecido excepcional no sólo por cómo está escrita, lo fluida que resulta y como te atrapa, sino por lo mucho que muestra del posconflicto y nos hace reflexionar.
Al final del libro, en nota del autor, comenta Jon Sisitiaga "He conocido y entrevistado a bestias y a psicópatas, pero también a personas normales a las que el torbellino del fanatismo anuló y suspendió, al menos temporalmente, su humanidad y su ética".
"Hay algo que no cambia, que se repite como un patrón inmutable en todos esos lugares arrasados por la violencia. Algo que siempre es igual: la desolación, la indefensión, la tristeza infinita de las víctimas".
"Y hay algo más que también se repite constantemente: unos pocos, unos cuantos elegidos, profetas del odio, profesionales de la manipulación, curiosamente siempre profesores, escritores, filósofos o periodistas, convencen a otros muchos de la necesidad de hacer sacrificios humanos por la Causa. Esa idea terrible de que solo con sangre se gana. Siempre es igual..."
Comparto algunos párrafos de los personajes que invitan a la reflexión.
“La violencia es un monstruo voraz que siempre tiene hambre. Cuando la utilizas te das cuenta de que es ella la que al final te domina a ti. Tiene su propia dinámica. Es implacable. Ingobernable. Su lógica es ininteligible. Se regenera a sí misma”.
“La violencia siempre mancha, envilece, deja marcas profundas en el interior”.
“Nada bueno puede salir de la muerte. Nada épico y honesto puede florecer cuando lo riegas con sangre. Cuando necesitas matar para convencer”.
“Uno no es buena persona si ha matado a otra persona. Eso es así, aunque a ti te guste disfrazarlo de épica. Es una ecuación muy simple. Matar es eliminar una vida”.
“Todas las revoluciones tienen sus contradicciones, y si fracasan, la mayor es convertirse en aquello que antes se combatía o despreciaba”.
“El fanatismo siempre necesita intelectuales, ¿verdad? Necesita idiotas que actúen y ejecuten, pero las mentes privilegiadas que dan las instrucciones, los filósofos que justifican, los ideólogos, los estrategas, esos no tienen que mojarse, no os van a pillar. Hay que protegerlos”.
“Compartir un fin y unos medios no necesariamente obliga a ser amigo de tus compañeros de viajes y mucho menos disculparles sus errores o sus miserias”.

