Un inspector de la policía londinense, Vincent Ruiz, sigue convencido de que la pequeña Mickey Carlyle, secuestrada hace siete años cuyo cadáver nunca se halló, podría estar viva. Tras despertar en un hospital, herido de bala y sin memoria después de ser rescatado en el río Támesis, los mismos que daban por cerrado el caso y no entienden la obstinación del inspector empiezan a sospechar de la actuación del policía.
Michael Robotham con capítulos ágiles y giros constantes, aborda temas como la culpa y la manipulación mental. El lector al igual que los compañeros del inspector llegaremos a dudar sobre la inocencia del protagonista. Quizás podría haber cometido el inspector un crimen, para apropiarse del suculento rescate que ofrecieron por la niña. Vincent Ruiz volverá sobre sus pasos, analizando hechos y recuerdos, para conseguir revivir la noche en que todo sucedió.
El autor disecciona muy bien la mente humana y a lo largo de la novela aporta reflexiones interesantes.
“El miedo y la incertidumbre son las dos armas más poderosas que hay en el mundo conocido”.
“Nos mentimos mutuamente. Nos engañamos de forma deliberada. Eso es lo que nos diferencia de otros animales”.
“Todo el mundo deja un rastro. No se trata tan sólo de pedazos de papel y fotos. Es la impresión que causamos a los demás y la manera en que nos enfrentamos al mundo”.
“No ve la diferencia alguna entre razas, géneros o religiones. La humanidad es toda idéntica, excepción hecha de algunos países en los que la vida se toma más a la ligera y el odio se hace escuchar”.
“La pobreza, la ignorancia y la desigualdad crean delincuentes, y yo los encierro para que la sociedad decente no tenga que olerlos o tenerles miedo”.


