sábado, 3 de diciembre de 2016

Qué hacer frente al lenguaje y las imágenes sexistas


Hace unos días asistí a la conferencia titulada “Uso sexista del lenguaje y de las imágenes” impartida por Miguel Ángel Jiménez Ortiz, psicólogo especialista en Psicología Clínica. Tengo que reconocer que su exposición me resultó amena y práctica. Está claro que para avanzar en igualdad tenemos que combatir la discriminación en el lenguaje. Si las generaciones venideras perpetúan un lenguaje sexista con canciones, cuentos, chistes, piropos y refranes no conseguiremos nada.

“Interpretamos la realidad con el lenguaje y las palabras. Las palabras tienen un significado. El lenguaje asienta y forma el pensamiento. Y este nos impulsa a actuar de una determinada forma. Por tanto si pensamos de forma sexista, actuaremos de forma sexista”.

“El lenguaje, las palabras orientan nuestra forma de pensar según los esquemas de referencia. Estos esquemas se basan en el uso de estereotipos. Los estereotipos se transmiten de generación en generación. Y aunque la sociedad avance rápido, los estereotipos lo hacen despacio”.

“Los estereotipos sexistas son conductas que se adquieren mediante aprendizaje cultural, social. La sociedad nos obliga a comportamientos determinados según seamos hombre o mujer. Desde que nacemos ya nos encasillan y prefiguran. Por ejemplo usando los colores rosa o azul en ropa, complementos y juguetes”.  

“A través del lenguaje que vamos aprendiendo vamos conformando estereotipos sexistas. La mujer queda relegada a un segundo plano. Tenemos que erradicar de nuestro lenguaje los términos e imágenes que transmitan estereotipos sexistas”.

“El lenguaje sexista excluye a las mujeres. Las asocia a valoraciones peyorativas. Dificulta la identificación. Su uso discriminatorio no favorece el desarrollo personal y colectivo. Provoca un tratamiento desigual entre hombre y mujeres”.

“Debemos combatir la discriminación en el lenguaje para avanzar en la igualdad. Hay que trasladarlo a las generaciones venideras. Se perpetúa un lenguaje sexista con los refranes, cuentos, canciones, chistes, piropos y con el diccionario”.

“Nadie cuestiona los refranes. Se consideran verdades irrefutables. Se transmiten de generación en generación y generalmente tratan a la mujer de forma negativa y peyorativa. Ejemplo: palabra de mujer, no vale un alfiler”.

“En refranes, cuentos y canciones se refleja que el mundo está dividido en seres masculinos: protagonistas, poderosos, valientes, conquistadores, líderes. Seres femeninos: secundarias, esposas de, dependientes, inseguras, pacientes y/o malvadas y perversas”.

“En los cuentos tradicionales, en las películas de Disney hay mucho sexismo. Lanzan un mensaje: la mujer necesita ser protegida por un hombre. Dejan al padre para casarse y convertirse en madre”.

“Los chistes también contribuyen a que sobreviva la discriminación. Suelen ser de carácter peyorativo y misógeno. Ejemplo: mi mujer me ha pedido más libertad y le he ampliado la cocina. Y los piropos, muy a menudo, son autenticas agresiones verbales”.

“Muchas canciones también perpetuán el lenguaje sexista y transmiten muchos estereotipos. Todos recordamos letras de canciones como esta: al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero...”

“Pero, y ahora en la actualidad qué dicen algunas canciones. Os habéis parado a analizarlas. Os aseguro que yo fui el primer sorprendido. Vamos a escuchar algunas:

La Muda, “quiero una mujer bien bonita callada y que no me diga ná. Que cuando me vaya a la noche y vuelva en la mañana no diga ná.  Que aunque no le guste que tome se quede callada y no diga ná. Quiero una mujer que no digaa ná ná ná ná. Quiero que sepa bailar, que nunca salga sola
que nunca quiera pelear…”

Malú, “te abriré las puertas del alma de par en par, dispuesta a hacer todo a tu voluntad, dispuesta a hacer todo lo que te dé la gana. Que me importa. Toda
de arriba abajo tuya. Toda entera tuya aunque mi vida corra peligro. Toda de frente y de repente toda desesperadamente toda, haz todo lo que sueñes conmigo”.

Los Ronaldos, “estás haciendo mal, y no sé qué va a pasar. Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas sí, hasta que digas sí…”

Natalia, “por ser tu mujer yo le entrego a dios mi alma. Por ser tu mujer yo me olvido de ser una dama. Por ser tu mujer sería capaz de morir en tu cama”.

Thalía, “por amor te espero por amor te quiero. Por amor te llevo clavado aquí en mi sentimiento. Por amor te sueno por amor me entrego. Por amarte sería capaz de todo sufrimiento. Ven, ven que voy a darme entera. Hoy tendrás de mi todo lo que tú quieras”.

Loquillo,  “quiero verla bailar entre los muertos, la cintura morena que me volvió loco, llevo un velo de sangre en la mirada, y un deseo en el alma, que jamás la encuentre. Sólo quiero que una vez algo la haga conmover. Que no la encuentre jamás o sé que la mataré”.

Shakira,  “bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda, es todo lo que he sido, por ti me he convertido en una cosa que no hace otra cosa más que amarte, pienso en ti día y noche, y no sé cómo olvidarte”.

“Hasta el año 2014 en el diccionario podíamos encontrar definiciones como las siguientes. Cocinilla: hombre que se entromete en cosas especialmente domésticas, que no son de su incumbencia. Huérfano: persona de menor edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre”.

En la 23ª edición del diccionario muchas de las acepciones más denostadas por su sesgo machista han desaparecido. Sin embargo todavía podemos sorprendernos con ejemplos como este, lamentablemente. Hombre público: que tiene presencia e influjo en la vida social. Mujer pública: prostituta”.

“Hasta los 3 o 4 años no se aprenden tareas específicas de niños y niñas. La idea de género se desarrolla entre los 4 a 6 años. Las madres y padres tratan distinto a hijas e hijos. Y lo vemos reflejado en la literatura infantil, y en los juegos y juguetes que presentan roles y estereotipos sexistas”.

“El lenguaje y las imágenes sexistas son el instrumento por el que las mujeres son invisibles y se les excluye. Mientras las mujeres no se vean reflejadas en el lenguaje, hablado y escrito, del día a día la igualdad no será completa”.

“Una imagen sexista de 1 segundo derriba programas de sensibilización no sexista. Un estudio sobre televisión en EE.UU. señaló que ver la televisión más de 4 horas al día provoca la percepción de la mujer con capacidades limitadas. Se la expone como objeto de deseo, atracción o admiración por su físico exclusivamente”.

“Eliminar el lenguaje sexista es un trabajo de educación en la infancia, adolescencia y edad adulta. Toda la sociedad tiene que trabajar para que no haya discriminación por razón de sexo. Mientras sigamos identificando el género masculino como superior habrá discriminación”.

“Cuando utilizamos el género masculino para referirnos a hombres y mujeres ignoramos la presencia de ellas. No se trata de usar los/las todo el tiempo pero sí habría que elegir un vocabulario que englobe a hombres y mujeres. Por ejemplo, en lugar de decir: todos al recreo (solo salen los niños) utilizar: salir al recreo”.

“Hay que ser más conscientes de las palabras que usamos y modificar nuestro lenguaje. Para englobar a mujeres y hombres podemos utilizar: las personas, el alumnado, el profesorado, el personal sanitario, la población en paro, la ciudadanía…”

“También tenemos que corregir el enfoque androcéntrico. Ejemplo: los médicos y sus mujeres han asistido… Sería mucho más recomendable: el personal médico y sus parejas”.

“Otra forma de erradicar el sexismo en el lenguaje es identificar a cada persona evitando referencias machistas o de parentesco. Cada ser humano tiene un nombre y apellidos. Y a nivel profesional cada persona tiene un cargo, profesión o labor”.





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