He disfrutado muchísimo con este libro, Premio Primavera de Novela 2025, de Vanessa Montfort. La autora basándose en hechos reales, consigue crear una atmósfera vibrante, oscura y envolvente, llena de suspense, intriga y reflexión. Nos hace retroceder al siglo XVII, a dos ciudades italianas, a Nápoles y Roma. A través de dos líneas de tiempo, pasado y presente, iremos conociendo la vida de Guilia Toffana. Una mujer fuerte, inteligente, adelantada a su época. Una boticaria y alquimista que preparaba ungüentos, bálsamos y pociones para aliviar y curar muchas dolencias. Además, creó una fórmula magistral. Un veneno letal que no dejaba rastro.
Tras un trabajo de investigación sublime Vanessa Montfort refleja muy bien la hermandad que existía entre las mujeres que luchaban por su supervivencia y autonomía. La autora nos invita a reflexionar sobre el poder de la rebelión, de la familia, la amistad, los límites de la justicia y la venganza. Aborda también el papel de la Iglesia y de la Inquisición. La persecución y la violencia a la que fue sometida la mujer desde muchos frentes. La novela es una historia de resistencia y poder femenino. Vamos a asistir a uno de los juicios más mediáticos de la Inquisición romana del Barroco, que genera indignación e impotencia.
Desde niña Guilia Toffana se marcó un objetivo en la vida: ayudar y proteger a las mujeres, sobre todo a las que estaban atrapadas en matrimonios forzosos, con maridos que en muchos casos les triplicaban la edad, pariendo un hijo tras otro hasta la extenuación, sometidas y maltratadas. En aquella época la vida de las mujeres valía muy poco, era fácil deshacerse de ellas simplemente denunciándolas por herejes o brujas.
Me gustaron mucho estas palabras de la autora. “Tras un proceso de documentación muy intenso, me he permitido escribir esta ficción histórica basada en hechos reales de cuyos protagonistas se conoce poco más que un puñado de nombres y fechas. Parto de la base de la frase de Tácito cuando considera que la Historia en sí ha sido sometida a toda clase de tergiversaciones, no solo por parte de quienes entonces vivieron, sino también en tiempos posteriores. Por eso me lancé a construir sus identidades, soñar sus razones y las contradicciones que habitaban en sus almas para hacer lo que hicieron en el contexto en el que vivían”.
Comparto algunas frases que invitan a la reflexión.
“Las mujeres somos hijas de la luna, poderosas, fuertes, mágicas…; sin embargo, por una ley física incomprensible, estamos condenadas a gravitar alrededor del sol”.
“Sus rostros eran los de dos carneros que llevan al matadero. A sus padres no les quedaba dote para ellas y, como serían más difíciles de casar, las enterraban vivas con sus vestidos en un convento de prestigio”.
“A Theofania tampoco le interesaba que se la conociera como una mujer astuta, el eufemismo para nombrar a las transmisoras de esa antigua tradición, a caballo entre la ciencia y la magia, que se había mantenido en la clandestinidad. Ellas hospedaban en su memoria métodos ancestrales de una protomedicina a base de hierbas, pero los estudios de Theofania estaban llegando bastantes pasos más allá”.
“Y es que a Theofania, como a todas las mujeres de su época, le había tocado vivir en guerra. Una guerra que libraban los hombres contra las mujeres bajo el liderazgo de los cultos poderosos. Un holocausto femenino. La caza de brujas llevaba dos siglos amenazando a las que se atrevían a acercarse al conocimiento por sus propios medios”.
“Ya no había escapatoria porque, por primera vez, protestantes y católicos habían encontrado un punto en común: ambos odiaban a las mujeres. Mientras llegaba la era de la razón llegaban también las mujeres a la hoguera”.
“El padre Colonna también supo en ese momento a quién tenía delante. Un inquisidor muy joven, sí, pero iba directo como un dardo ponzoñoso hacia su objetivo. Dada su prepotencia, sin duda estaría asesorado desde muy arriba”.
“Como podemos suponer, la casaron el día que cumplía los trece años con el duque de Ceri, heredero tísico de una familia muy influyente, también sobrino de papa y solo treinta años mayor que ella… Su única ventaja, si es que pudiera verse así, era ser viudo y sin hijos, algo que favorecería a los futuros vástagos de la duquesa, muy deseados por su familia política”.
“A veces bastaba con soltar un rumor tan sencillo como pavoroso para que saliera corriendo hasta no dejarse un callejón, como una liebre a la que hubieran prendido por la cola”.
“Buen perro, eso había querido decir Baranzone en realidad, dándole unas palmaditas en el lomo por cazar las piezas que ambicionaba para presumir con sus amigos. Sí, buen perro… y como recompensa por perder el sueño y la fe, algún día quizás le dejarían volver bajo su techo con el rabito entre las piernas, a acabar sus días encerrado en una capilla de Roma”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario