domingo, 5 de marzo de 2023

El silencio de las mujeres de mi casa

 

 

He disfrutado mucho con la primera novela de la escritora murciana afincada en Yecla, Mª Ángeles Gómez Ortigosa. Con ‘El silencio de las mujeres de mi casa’ asistimos a las grandes transformaciones sociales que acontecieron en la primera mitad del siglo XX. De la mano de las protagonistas de la novela; mujeres luchadoras, valientes y con gran determinación, comprobaremos como fueron incrementando su presencia y participación, ganando en derechos, en el ámbito social y político de una época muy intensa y convulsa.

 

Sinopis

La historia de una familia en la primera mitad del siglo XX. Los celos, las envidias y las diferencias en sus intereses y modos de vida provocan un progresivo deterioro en las relaciones de sus miembros.
En el año 1941, se produce una fractura definitiva desencadenada por un suceso trágico.En 2019, Amelia, una de las herederas, desea aclarar las incógnitas que existen en la historia de sus antepasados, unos secretos relacionados con viejos rencores y con la muerte de alguien cercano.
En una antigua propiedad familiar, situada en la huerta de Murcia, se dan cita algunas descendientes y, juntas, intentarán desvelar esos misterios.

lunes, 27 de febrero de 2023

Nutrición en el proceso oncológico

 


El miércoles, 22 de febrero, la Asociación de Yecla de Afectados de Cáncer, AYAC, organizó la charla “Nutrición en el proceso oncológico” impartida por la dietista-nutricionista Elena Cáceres Díaz.

La ponente durante la charla comentó que “es necesario educar mucho más en nutrición para poder decidir cómo alimentarnos de forma más saludable. Contando siempre con el asesoramiento y la supervisión de profesionales bien formados en la materia”. 

Elena Cáceres recomendó “consumir alimentos mínimamente procesados, frescos, de alto nivel nutricional. Adaptando las preparaciones a la sintomatología. Asegurando un suficiente aporte de proteínas y una buena hidratación. Evitando los alimentos relacionados con la posible aparición de cáncer: azúcares, alcohol y requemados”.

La nutricionista nos comentó que cada vez existen más evidencias científicas sobre como un periodo de ayuno intermitente, de catorce horas, o la reducción de ingesta de alimentos sólidos antes de los tratamientos oncológicos podrían reforzar la efectividad de la quimioterapia, inmunoterapia y terapia hormonal. Disminuyendo a su vez los efectos adversos de dichas terapias. Elena Cáceres insistió mucho en que “cualquier pauta en un paciente oncológico debe ser personalizada, porque durante el proceso se pueden precisar estrategias diferentes. En algunos pacientes el ayuno sería inviable, porque si existe dificultad para ingerir alimentos podrían acabar en desnutrición”.

“Antes del tratamiento sería interesante poder poner a punto el organismo. Si me alimento bien mi sistema inmune probablemente será más competente, y generaré menos inflamación y toxicidad”.

“Las pautas de nutrición tienen que ser individualizadas. Hay que realizar un estudio previo del estado del paciente, de sus gustos y preferencias, con adaptaciones a la sintomatología. Cambios en la temperatura de la comida, número de ingestas, modificación de texturas, sólido/líquido, aporte o no de fibra, enriquecimiento, reducción de olores, forma de cocinado, evitando utensilios metálicos etc.”

“Es necesario conocer el efecto de la medicación sobre ciertos nutrientes para evitar bloquear o disminuir la acción de ciertos fármacos. El pomelo, por ejemplo, es de los pocos alimentos no recomendados durante la quimio. Consumir soja se desaconseja en mujeres que estén pasando por un cáncer hormonodependiente”.

“A la hora de consumir suplementos hay que valorar deficiencias mediante analítica, y analizar bien la cantidad y calidad de los mismos, y las interacciones entre ellos. También hay que informarse bien sobre qué nos pueden aportar realmente los denominados superalimentos”.

“Las células cancerígenas son como un embrión, están ávidas por recibir energía, glucosa. No saben parar su ciclo, están continuamente funcionando, dividiéndose, proliferando. Se adaptan peor a situaciones de inanición que las células sanas. Cuando ayunamos las células del cuerpo inician un proceso celular de eliminación de residuos llamado autofagia”.

“Al igual que el ayuno intermitente, las dietas cetogénicas (KD) también se están utilizando como tratamiento complementario en ciertos tipos de cáncer. Es una dieta muy baja en carbohidratos y alta en grasas saludables que puede lograr concentraciones de glucosa en sangre mucho más bajas”.

“Respecto a la suplementación si se existe evidencia científica, ayudan al sistema inmunitario y reducen la inflamación, la vitamina D, el omega 3-DHA, magnesio, zinc y selenio. La vitamina C en altas dosis, intravenosa, los hongos medicinales y los probióticos en proporción adecuada”.

“Los probióticos regulan y mejoran nuestra flora intestinal. Los microorganismos que habitan en nuestro tracto intestinal, nuestra microbiota, controlan nuestro sistema inmunológico, la activación de determinadas células defensoras. Es recomendable consumir kéfir, té de kombucha, chucrut (repollo fermentado) y yogurt, entre otros”.

 “Conviene eliminar o reducir de la dieta harinas y cereales, y los aceites vegetales de semillas porque son inflamatorios. Los ácidos grasos omega 3 mejoran el apetito, mantienen la masa muscular y reducen la inflamación. Los encontramos en el pescado azul. Mejor consumir los de pequeño tamaño como las sardinas, caballa, boquerones, jurel y trucha”.

“Alimentos ricos en proteína son las legumbres, pescados, huevos y carne”.

“Las grasas saludables las encontramos en alimentos como el aceite de oliva, las aceitunas, frutos secos, semillas, coco, aguacate y frutos rojos”.

“Los hábitos saludables de alimentación y el ejercicio regular, de fuerza, ayudarán a los pacientes a combatir infecciones, y tener suficiente energía durante el tratamiento de cáncer y después de este”.

jueves, 12 de enero de 2023

Tiempos complicados

 

 

 

A veces me reto a escribir y no lo consigo. Se aglutinan en mi mente demasiados temas a los que dar visibilidad. Y siento que incumplo la promesa que le hice a una de mis profesoras de literatura. Pensando en ella y en las amigas que me empujan a escribir, si lo hicieran ellas mismas brillarían con intensidad, me lanzo al teclado.

Al escribir, en ocasiones, se consigue deshacer el ovillo de incertidumbre, angustia y decepción que todos llevamos dentro. Por supuesto que somos la mayoría capaces de transformar en palabras lo que nos perturba, otra cosa es permitir que otros te lean.

Como acabamos de iniciar un nuevo año, me atrevo a sugerir que nos comportemos todos un poquito mejor, procurando ejercitar y practicar la sensatez, humanidad y empatía. Nos toca remar en la misma dirección, con responsabilidad individual y comunitaria, solidaridad y civismo desde todos los frentes. Porque nos ha tocado vivir en un mundo desequilibrado y variable, complicado, lleno de sorpresas e imprevistos, a ratos, de película. Y nos está costando cada vez más gestionar la incertidumbre, vivir el presente, procurando ver luz y esperanza en todo por difícil que resulte en ocasiones.

Me supera tratar de elaborar un listado de cosas a mejorar en 2023. Pero si me veo capaz de compartir una pequeña pincelada de lo que escucho, de las cosas que nos restan sueño. Unos andan preocupados por la información que nos llega desde China y EEUU de las nuevas variantes de la Covid. La mayoría son personas mayores que cada vez se sienten más vulnerables, defraudadas y olvidadas. Y cómo no estarlo ante una sociedad que nos mide, premia o castiga, por lo que producimos y consumimos, por el tanto tiene, tanto vale. El trato que, en algunos casos, han recibido y reciben nuestros mayores es para hacérselo ver. Algunos ya tienen asignada la parcela en el infierno.

En general, a todos nos abruma bastante todo lo referente a la salud. Y creo que tenemos muy claro que contra las enfermedades no queda otra que invertir mucho más dinero en investigación. No nos cansemos de pedirlo, una y otra vez.

A otros se les ha encogido el alma, pensando en los niños que han pasado a la categoría de huérfanos porque sus madres han sido asesinadas por violencia machista. Menuda forma de despedir e iniciar año. Algo se nos está escapando, y es grave, porque las medidas y actuaciones en pocos días han fallado estrepitosamente. Tanto como en el caso del aumento de suicidios de menores por acoso escolar y ciberbullying. Que una criatura decida morir por el maltrato de sus compañeros, y la pésima gestión y actuación de unos y otros tendría que resultarnos insoportable. Hay que educar mucho mejor desde casa y reaccionar, sin contemplaciones ni trabas, ante todo indicio de abuso, de violencia, desde el primer momento.

Y seguimos sumando en personas diagnosticadas, de todas las edades, de estrés crónico y depresiones. Hablar se habla de todo ello, y bastante más que hace años. Pero si resulta que somos líderes en consumir psicofármacos, resulta obvio que estamos bien necesitados de un ejército de psicólogos.

Qué pena que no existan las baritas mágicas, ni el libro con instrucciones precisas y acertadas para cambiar y mejorar las sociedades en las que vivimos. Me consta que algunos le han pedido a los Reyes Magos líderes políticos que dejen de decepcionarnos, y demostrarnos que piensan mucho más en sí mismos que en sacar adelante a sus naciones.

Pese a lo abrumados que podamos sentirnos, toca ser positivos, pero también realistas. Aprendamos en 2023 a ser más resolutivos, flexibles, respetando y valorando a todos. Sin juzgar, ni etiquetar. Todo ser humano es único, válido, irrepetible. Busquemos siempre lo que nos une. Repensemos modelos y maneras. Encontremos apoyos para sentir siempre ganas de salir adelante. Para ser capaces de hacer frente a lo que vaya surgiendo, aprendiendo siempre de los errores del pasado. Si cada uno es capaz de dar su mejor versión, mejoraremos nuestro entorno, nuestro mundo.