jueves, 7 de marzo de 2019

Y si cambiamos los papeles


Mañana, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. He llegado a dudar si escribir o no sobre el tema, porque llevo una semana leyendo y escuchando comentarios más cercanos al enfrentamiento y la descalificación, que a la unidad de criterios y propósitos en busca de conseguir lo que todos deberíamos perseguir. Una sociedad más igualitaria, más justa, donde la igualdad en derechos y oportunidades sea real y efectiva, donde mujeres y hombres caminen en la misma dirección, convivan, sin que ninguna de las partes tenga más privilegios por su género.

No sé qué acontecerá mañana pero desde luego esta semana campa a sus anchas el desquicie general. Todo está mediatizado, magnificado y desproporcionado, ni rastro de sentido común. Estoy de acuerdo con lo que publicaba anoche una amiga por redes sociales, “los partidos políticos españoles de todos los bandos están utilizando, como lobos hambrientos, esta fecha para sus fines partidistas”.

Yo solo deseo que mañana la ciudadanía decida participar o no en una u otra manifestación, concentración, acto o huelga lo haga desde el respeto, con la convicción de que desde el enganche, el insulto, la confrontación y el ‘tú más’ nada se consigue.

“Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio” es el lema del Día Internacional de la Mujer 2019.

Pues eso mismo propongo yo, que pensemos de una vez, todos a una, haciendo piña, en qué estamos fallando en España para que la ‘Ley de conciliación de la vida familiar y laboral’, la ‘Ley orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres’, la ‘Ley orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género’ y ‘La Ley sobre medidas para incorporar la valoración del impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el gobierno’ no se estén aplicando y cumpliendo de forma real y efectiva.

Para cambiar la realidad que vivimos, para que las mujeres dejen de tener menos posibilidades de ser contratadas con la misma formación y estudios que un hombre, para que dejen de cobrar menos realizando el mismo trabajo, para que tengan menores tasas de parcialidad y temporalidad, para que no se vean obligadas a abandonar el trabajo al convertirse en madres, u optar en mayor proporción por las jornadas reducidas, o a renunciar a puestos de dirección para compaginar el trabajo con el cuidado a la familia las leyes antes mencionadas, y probablemente otras, habría que cumplirlas a rajatabla. 

Tenemos que educar en igualdad, equidad y responsabilidad. Hay que abrir mentalidades, potenciar nuevos modelos de masculinidad, eliminar roles de género, estereotipos y micromachismos. Si el objetivo es beneficiar a la humanidad en su conjunto, la mujer tiene que estar a la misma altura que el hombre, ni por encima ni por debajo, en derechos, oportunidades y deberes. Y para llegar a esto no queda otra que elegir el camino de la coherencia, el respeto, la suma, el acuerdo, el consenso, la escucha activa, la resiliencia y la empatía. 


Muchas veces nos preguntamos por qué las empresas prefieren contratar a un hombre antes que a una mujer. O por qué cuando esta anuncia que está embaraza ¡qué casualidad! resulta que no tocaba renovarle el contrato. Propongo empezar a poner lo siguiente en práctica, a ver qué sucede.  

Desde mañana que sean los hombres los que pidan permiso en el trabajo para llevar a sus hijos al pediatra, o para acudir a hablar con el tutor de los niños, o para quedarse en casa porque su hijo está enfermo y no tiene con quien dejarlo. Que pidan también permiso o reducción de horas para atender a sus padres, ya mayores, o a familiares hospitalizados, o con enfermedades graves, o dependientes.

Propongo que cuando se cumpla la baja de maternidad y el permiso de paternidad sean ellos quienes renuncien a seguir trabajando, y se queden en casa con los niños. O que tomen esa decisión, dejar de trabajar, para que su pareja sí pueda optar a ascender en su empresa. Desde mañana que todos los hombres cuando lleguen a casa dediquen exactamente las mismas horas, ni una más ni una menos, a comprar, cocinar, limpiar, planchar, a sentarse con los niños a hacer los deberes, bañarles, acostarles etc. Si ellas pueden con todo, teniendo la misma jornada laboral, la misma presión, exigencia y estrés en el trabajo, por qué no ellos. Hagamos un cambio de papeles, a ver cómo funciona la cosa.

Igual que mañana tendré muy presente a los grandes hitos que dieron un vuelco a la historia de la igualdad de derechos, que abrieron la puerta a las demás, que consiguieron cambiar las cosas dejando huella con sus actos, todos los días pienso en las mujeres que literalmente se están jugando la vida en muchos países, por conseguir las libertades que hoy damos por sentadas.

Cuántas mujeres siguen sin derecho al voto, a la educación, al trabajo, a un trato legal igualitario. Cuántas siguen supeditadas al permiso paterno o del marido para acciones tan simples y cotidianas como trabajar a cambio de un salario, abrir una cuenta corriente, sacarse el carné de conducir, disponer de sus bienes, emanciparse etc. Cuántas mujeres son vendidas, explotadas sexualmente, obligadas a casarse todavía siendo niñas, repudiadas por sus maridos sin derecho alguno sobre sus hijos, sometidas a la ablación, y al uso de la violación como estrategia militar para degradar y derrotar a toda una comunidad…

A ver si se deja de tergiversar y de confundir con lo que significa machismo y feminismo. Búsquenlo en el diccionario. Dejemos también, dentro del feminismo, de dividir, de radicalizar, de generar posturas ultra, de llegar a los extremismos,  porque esa actitud, esas acciones, no aportan nada bueno. Que ya nos lo ha demostrado la historia cientos de veces, ‘divide y vencerás’. Conseguir derechos, credibilidad, imagen, posicionamiento, prestigio y reconocimiento  cuesta mucho, perderlos muy poco.


Me da mucha pena, me inquieta y preocupa, he sido testigo y los he oído en charlas a adolescentes, que algunos chiquillos crean que “el feminismo es cosa de unas cuantas histéricas que aborrecen y odian a los hombres”. Y que las nenas asuman que hay que dejarse hacer y cambiar en cuanto le pidan para contentar al novio.

Hombres y mujeres tienen los mismos derechos, tenemos que ser iguales, no se pueden convertir en eternos rivales, en enemigos. Ambos tienen derecho a crecer, a mejorar, progresar, a alcanzar las metas que se propongan,  a convertir en realidad sus sueños, a vivir libres y felices. A dejar de ser víctimas o verdugos.



jueves, 14 de febrero de 2019

A quién interesa que enfermemos





Cuanto más leo, investigo y asisto a charlas sobre nutrición, alimentación y vida saludable impartidas en nuestra localidad por ponentes formados en la materia como el taller celebrado en febrero por Sergio Polo Marco, licenciado en Farmacia y Nutrición,  o las charlas que tuvieron lugar en 2018 a cargo de Esther García-Serna, dietista-nutricionista, en el mes de noviembre, y de Ana Carpena Ortuño, neuropsicóloga, en el mes de abril, promovidas respectivamente por la Asociación de Yecla de Afectados de Cáncer, la Asociación para los Trastornos de la Conducta Alimentaria Yecla y la Asociación para las Personas con Trastorno del Espectro Autista, siempre acabo cuestionándome lo mismo.

¿Cómo es posible que en muchos edificios de entidades y organismos públicos, entre ellos  los propios hospitales, pongan a nuestra disposición máquinas expendedoras con todo tipo de productos insanos?

Resulta paradójico, desconcertante y todo un despropósito que por un lado nos inciten a seguir una dieta saludable, y por otro nos ofrezcan barra libre de grasas saturadas, azúcares, edulcorantes, sales, almidones, glutamato etc. Porque ha quedado holgadamente demostrado científicamente que los pseudoalimentos (todo aquello que tiene forma de comida, huele y sabe a comida, incluso a veces mejor, sacia, pero no nutre) guardan una estrecha relación con trastornos y problemas de intolerancias, alergias, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer...

Sin pretender fomentar bulos, complots, ni paranoias, a veces resulta inevitable pensar que igual no van muy descaminados los que mantienen que existe una perfecta simbiosis entre la industria alimentaria, que genera enfermedades, y la industria farmacéutica, que produce medicamentos para atacar los síntomas de dichas enfermedades pero no la causa. Tanto unos como otros se enriquecen manipulando nuestra salud. Les interesa mantenernos vivos, porque los muertos no consumen ni comida, ni medicamentos.

Por nadie pongo la mano en el fuego pero no sé si saben que el británico Richard J. Roberts, Premio Nobel de Medicina de 1993, denunció a las grandes farmacéuticas por anteponer sus beneficios económicos a la salud de las personas. El mantiene que “se apoya más la producción de medicamentos cronificadores consumidos de forma serializada, que los que sí serían capaces de curar completamente las enfermedades. En nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos”.  

Está claro que ganar una batalla contra titanes resulta imposible, pero como consumidores y ciudadanos tenemos mucha más fuerza de lo que imaginamos.
Podemos elegir libremente qué nos conviene o no comer. Pero para eso antes debemos ampliar nuestros conocimientos sobre nutrición. En adelante deberíamos prestarles mucha más atención a los profesionales como los que he nombrado al inicio del artículo.

Se imaginan qué sucedería si todos dejáramos de consumir ciertos productos. Probablemente les desmotaríamos su perfecta simbiosis, o al menos les obligaríamos a reducir azúcares y otros componentes que a la larga nos aportan más malo que bueno.

Que sí, que ya sé que algunos tras leerme dirán que para cuatro días que vamos a vivir no es preciso amargarse no pudiendo comer o beber lo que a uno le venga en gana. Que conocen a gente que sin beber ni una gota de alcohol han padecido problemas de páncreas, hígado. O que sin fumar en la vida y practicando ejercicio han acabado bajo tierra bastante antes de lo previsto. Y no les falta razón porque a veces la vida es así de ingrata, borde y retorcida, ‘penaliza’ al que menos se lo merece.

No debería servirnos esto de excusa para evitar y reducir en lo posible todo aquello potencialmente peligroso para nuestro bienestar físico y psíquico. Por supuesto que podemos zamparnos un bollo, y gozar de un helado y atacar la tableta de chocolate como si no hubiera un mañana, pero mejor hacerlo con moderación y compensando con lo que sí nos conviene ingerir.

Les sugiero empezar a interesarse, investigar y profundizar en el tema, se van a sorprender. Empiecen, por ejemplo, visitando https://www.sinazucar.org/



sábado, 2 de febrero de 2019

El etiquetado nutricional nos aporta información muy valiosa




El  31 de enero asistí al taller “Etiquetado Nutricional” impartido por Sergio Polo Marco, licenciado en Farmacia y Nutrición, organizado por la Asociación de Yecla de Afectados de Cáncer.

El taller generó mucho interés y sorpresa porque mostró el desconocimiento general que existe sobre nutrición. Todo el mundo se quedó con ganas de aprender y profundizar mucho más en el tema.

El nutricionista Sergio Polo explicó de forma práctica y amena lo importante que resulta fijarse en los distintos bloques de información (listado de ingredientes, tabla nutricional, sellos de calidad, fecha de duración y de caducidad etc.) que aparecen en los alimentos. Las etiquetas deben poder leerse siempre de forma clara, legible y en castellano. Leyendo el listado de ingredientes, ordenado de mayor a menor, sabremos qué alimentos y en qué nivel están presentes en el producto. La tabla nutricional nos especifica en qué cantidad están contenidos los diferentes nutrientes.

Sergio Polo demostró durante el taller que con eslóganes, marketing y  creatividad publicitaria resulta muy sencillo esquivar la legislación de declaraciones de salud. “Unas galletas pueden llamarse ‘digestive’ conteniendo ingredientes poco saludables. Si no puedes poner que la leche ayuda a la digestión siempre puedes recurrir al eslogan ‘mañanas ligeras’. En un zumo aparece ‘funciona’ sin saber bien para qué”.

El nutricionista insistió en comparar siempre diferentes marcas de un mismo producto porque la diferencia puede resultar abismal. También demostró que la mayoría de los productos procesados contienen mucha más grasa y azúcar que la recomendable. “Hay que educar al paladar a acostumbrarse al sabor de cada alimento. No necesitamos añadir tanta azúcar a casi todo. Los alimentos que indican ‘sin azúcar’ para que realmente lo sean deben contener menos de un 0,5 g de azúcar por cada 100 g de producto”.

El taller terminó con una invitación a la reflexión. “Aquellos que piensan que no tienen tiempo para una alimentación saludable, tarde o temprano encontrarán tiempo para la enfermedad” Edward Stanley.

Para conocer el azúcar oculto de los alimentos Sergio Polo recomendó visitar la página web https://www.sinazucar.org/  
También otras como, la Agencia española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/web/home/aecosan_inicio.htm

A continuación comparto parte de lo que escuché. 

“Cuando en la tabla nutricional vemos hidratos de carbono hay que mirar con atención el tanto por ciento que aparece de azúcar, lo ideal es que menos de la mitad de esos hidratos de carbono sean azúcar. Para saber si un producto lleva azúcar añadida es tan sencillo como mirar el listado de ingredientes. Si aparece ‘azúcar’ es añadida”.

“Es importante observar siempre en el etiquetado, en el contenido de grasas,  que las grasas saturadas sean siempre menos de la mitad de las grasas totales. Y muy importante que no contengan grasas trans, hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas”.

“Al comprar huevos hay que fijarse en el código que aparece impreso sobre la cáscara. El primer número indica en qué condiciones han sido criadas las gallinas. 0 ecológico, criadas con alimentos procedentes de la agricultura ecológica y al aire libre, 1 camperas, con acceso a corrales al aire libre, 2 criadas en suelo en naves cerradas, y 3 criadas en jaulas, sin apenas espacio para moverse”. Después aparecen las letras que indican el país de procedencia”.

“Los alimentos denominados light tienen un 30% menos de calorías porque llevan edulcorantes, sacarina etc. Pero no quiere decir que no lleven grasa, por tanto no resultan más saludables. Por ejemplo, la leche con Omega 3 suele estar muy azucarada”.

¿Comprarías un caldo de pollo que solo lleva un 0,9 % de carne. Un fiambre light que tiene más almidón de patata que carne. Un chocolate sin azucares añadidos cuyo principal ingrediente al peso es un edulcorante. Un cacao en polvo con solo un 9% de cacao y un 78% de azúcar?

“Habéis oído alguna vez eslóganes como ‘el agua de tu vida’. El agua, evidentemente ni te da ni te quita vida”.

“Debemos cuestionarnos e indagar sobre muchas cosas, porque todos hemos oído frases como… ¿La fruta después de las comidas engorda? ¿El agua engorda durante las comidas? ¿Los alimentos light adelgazan?

“En los alimentos procesados hay que mirar bien el listado de ingredientes. Cuantos menos ingredientes aparezcan mucho mejor. El primer ingrediente que aparece es siempre el que en mayor proporción se encuentra en el producto”.

“Mucha atención con las declaraciones que abarcan el efecto, supuestamente, que produce el alimento en nuestro organismo. Desconfiemos de los que dicen que contribuyen a mantener o aumentar el sistema inmunitario, regular el colesterol, evitar las enfermedades cardiovasculares etc.”

“Aunque en una bolsa de patatas fritas nos indiquen que están elaboradas con aceite de oliva, mucha atención, porque en muchos casos solo llevan realmente un 2% de aceite de oliva. Leamos siempre con detenimiento el listado de ingredientes y la tabla nutricional”.
 

“Nuestro cuerpo necesita tanto ácidos grasos omega-3 como omega-6. La grasa omega-3 interviene en el proceso de regular y reducir la inflamación. La omega-6 tiene un papel muy importante en la estructura, protección y regulación de las células. Lo importante es analizar desde qué productos y alimentos ingerimos esas grasas, y mantener un equilibrio adecuado entre ambos ácidos grasos para no producir un desajuste metabólico. Mal vamos, por ejemplo, si consumimos productos excesivamente procesados y apenas verduras, hortalizas, fruta fresca, legumbres etc.”

“Habéis oído hablar de la ‘Paradoja francesa’. Es una curiosa evidencia nutricional que ocurre en Francia por la que, a pesar de tener una dieta rica en grasas saturadas, usan para cocinar mantequilla o margarina en vez de aceite de oliva, su incidencia de enfermedades cardio- y cerebro- vasculares es relativamente baja”.

“Para que el pan sea realmente ‘integral’ no hay que fijarse en que lleve fibra, hay que ir al listado de ingredientes y ver que lleva de un 75% en delante de harina integral. Si el porcentaje es inferior no es integral, por mucho que lo ponga en el producto”.

“El pan de molde contiene más grasa que azúcar, porque así resulta más apetecible al paladar. Para el azúcar existen límites, para la grasa no. Pueden añadir tanta grasa como quieran”.

“La fecha de duración de un yogurt indica que hay que consumirlo ‘preferente antes de…’ pero si pasan unos días no sucede nada, Se puede alterar el sabor, el olor, pero no resulta perjudicial para la salud. En la fecha de caducidad, por ejemplo de una bandeja de carne, sí conviene hacer caso y consumirla antes de la fecha límite porque surgen bacterias que pueden producir toxicidad.  Por ello no conviene congelar carne con un solo día de caducidad, es mucho mejor congelarla recién adquirida”.

“Algunas marcas de caldo de pollo realmente de pollo solo contienen un 0,9 %. El resto son hortalizas, aceites, grasa de cerdo o de pollo, almidón de arroz etc. ¿Cómo consiguen el sabor a carne? Pues usando por ejemplo glutamato, un aditivo que potencia el sabor y resulta adictivo. El glutamato aparece también en las patatas fritas, aceitunas, aperitivos, en las croquetas que tan solo llevan un 0,3 % de carne de pollo etc. La industria alimentaria abusa de esta sustancia, perjudicial, para enmascarar la baja calidad de muchos alimentos los procesados”.

“La stevia y la sacarina son menos calóricos que el azúcar pero endulzan más. Y al final el cuerpo se acostumbra a ese dulzor y luego pide más alimentos con azúcar”.

“La cerveza sin alcohol sí lleva alcohol, pero no especifican cuanto. La ‘0,0’ no lleva alcohol”.

“Un huevo Kinder contiene un 41,2 % de azúcar. Para que os hagáis una idea un terrón  contiene 4 gramos de azúcar”.

“Las cremas de cacao llevan entorno a un 56% de azúcar. Ahora indican que no contienen aceite de palma pero siguen llevando aceites vegetales con mucho omega- 6”.

“El pescado pequeño es más sano que el grande porque contiene menos mercurio. La sardina presenta el mejor ratio selenio/mercurio”.

“El pollo que se cría libre contiene menos omega-6 que el criado enjaulado, sin apenas espacio para moverse. Que el animal se alimente de una u otra forma es clave”

“El sello de Denominación de Origen Protegida significa que todas las etapas, la producción, transformación, elaboración y/o envasado se realizan con un estándar de calidad en el mismo punto geográfico”.

“El sello de indicación Geográfica Protegida no es ni mejor ni peor que el anterior. Quiere decir, por ejemplo, que un cordero se ha criado en Navarra pero se ha sacrificado y procesado en Madrid”.

“El sello de Especialidad Tradicional Garantizada no está ligado al origen sino a los métodos de producción y a las recetas tradicionales de elaboración”.

“Alérgenos son todas las sustancias usadas en la fabricación y presentes en los productos causantes de alergias o intolerancias.

“La OMS define la Salud como un estado de bienestar físico, psíquico y social.
La Salud depende de los estilos de vida, la dieta, la actividad física, el tabaquismo y otras adicciones, los factores ambientales y la genética”.