domingo, 31 de mayo de 2026

Purgatorio

  

La novela del periodista Jon Sistiaga te remueve, es directa y realista, muy bien documentada, compleja. La trama muy bien articulada, con unos personajes muy bien construidos, te envuelve, te mantiene en vilo, incomoda y te obliga a reflexionar. El autor afirma que este libro es ficción, pero refleja tantas realidades, que quizás no se la recomendaría a las personas que vivieron de cerca el terrorismo de ETA en el País Vasco. Al resto sí. Porque la novela habla, entre otros temas, de aquellos que justifican la violencia e intentan legitimarla. De las cabezas pensantes que distorsionan y tergiversan la realidad, capaces de manipular y convencer para que otros actúen.

Me ha impresionado la capacidad de Jon Sistiaga, reconocido reportero y documentalista que ha cubierto conflictos y guerras en los Balcanes, Irak, Ruanda, Irlanda del Norte o Afganistán, entre otro muchos, además de haber vivido en primera mano los peores años del terrorismo en el País Vasco, para mostrar a través de los personajes principales: la víctima y su hija, el etarra arrepentido, el que no lo está, y un inspector de policía; los discursos, argumentos, las lealtades y traiciones, los secretos, la maldad y violencia más perversa y extrema que sufrieron una parte de la sociedad vasca. Y su capacidad de resiliencia para sin olvidar poder vivir en paz. 

La novela a través de capítulos cortos va y viene del pasado al presente. No es fácil, ni cómoda, pero me ha parecido excepcional no sólo por cómo está escrita, lo fluida que resulta y como te atrapa, sino por lo mucho que muestra del posconflicto y nos hace reflexionar.

“La violencia es un monstruo voraz que siempre tiene hambre. Cuando la utilizas te das cuenta de que es ella la que al final te domina a ti. Tiene su propia dinámica. Es implacable. Ingobernable. Su lógica es ininteligible. Se regenera a sí misma”.

“La violencia siempre mancha, envilece, deja marcas profundas en el interior”.

“Nada bueno puede salir de la muerte. Nada épico y honesto puede florecer cuando lo riegas con sangre. Cuando necesitas matar para convencer”.

“Uno no es buena persona si ha matado a otra persona. Eso es así, aunque a ti te guste disfrazarlo de épica. Es una ecuación muy simple. Matar es eliminar una vida”.

“Todas las revoluciones tienen sus contradicciones, y si fracasan, la mayor es convertirse en aquello que antes se combatía o despreciaba”.

“El fanatismo siempre necesita intelectuales, ¿verdad? Necesita idiotas que actúen y ejecuten, pero las mentes privilegiadas que dan las instrucciones, los filósofos que justifican, los ideólogos, los estrategas, esos no tienen que mojarse, no os van a pillar. Hay que protegerlos”.

“Compartir un fin y unos medios no necesariamente obliga a ser amigo de tus compañeros de viajes y mucho menos disculparles sus errores o sus miserias”.

 

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