sábado, 27 de enero de 2018

El efecto avispa


A veces la vida te brinda oportunidades, te plantea retos, muy especiales. Enriquecedores, gratificantes y divertidos. Si formar parte desde 2017 del Jurado del Certamen de Novela Corta “José Luis Castillo-Puche” ya es un regalo, cuanto más presentar anoche la novela ganadora de la veinticuatro edición de este certamen.
Por petición de la propia autora y otras personas, comparto mi presentación de la novela “El efecto avispa” de Chelo Sierra.

Señor concejal de Educación, estimado director del instituto, señoras y señores, buenas tardes.

En primer lugar quiero agradecer a José Antonio Ortega, director del instituto, y a José Manuel Vidal, coordinador del jurado, que pensarán en mi para presentar la novela ganadora de la vigésima cuarta edición, del Certamen de Novela Corta “José Luis Castillo-Puche”. “El efecto avispa” de Chelo Sierra, que tenemos la suerte de tener ya publicada entre nuestras manos.

Como saben la novela que hoy presentamos se integra en la Colección Hécula, que reúne todas las obras premiadas de este certamen, que este año cumple su veinticinco edición.

Colección editada por el instituto Castillo-Puche, por la imprenta Yeclagrafic, con un selecto diseño coordinado por Victoria Carpena. Gracias al patrocinio de la Fundación Castillo Puche y la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Yecla.

De la autora Chelo Sierra, que la tenemos aquí, con nosotros, y a la que agradecemos mucho su presencia,  les puedo decir que nació en Madrid, estudió publicidad, y trabajó durante más de quince años como creativa publicitaria. En 2009 se trasladó a vivir a Torremenga (Cáceres) e inicia su andadura literaria. Es autora de varios libros de microrrelatos, relatos, una novela  y artículos, publicados en los últimos cinco años. Su última publicación “La mirada del orangután” fue finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos publicados en España.

Chelo Sierra ha tenido la oportunidad de explorar distintos géneros, y ha sido premiada en más de una veintena de certámenes: Premio Ana María Matute de Narrativa, Princesa Galiana de novela corta, Microrrelatos de terror del Museo del Romanticismo, Relatos en Cadena, Ciudad de Coria de Cuentos, Poesía Experimental de Badajoz y Premio de artículos de opinión Enrique Segovia Rocaberti, entre otros.

"El efecto avispa" es una historia amena, trepidante, que no te da tregua, de las que enganchan enseguida. De las que recomiendas enseguida a todos tus conocidos.

La protagonista de la novela se llama Emilia, Emi. Es profesora de Historia del Arte. Ahora está disfrutando de las vacaciones de verano. Está casada con Nacho y tienen un hijo que estudia en Dublín.

Un día de verano a la hora de la siesta mientras Emi habla por el móvil con el exmarido de una buena amiga, una avispa le pica en el tobillo, que comienza a inflamarse por momentos.

Desesperada por el dolor  busca por toda la casa una pomada para aliviar las molestias. En su dormitorio, descubre que la mesilla de su marido está cerrada con llave. Fuerza la cerradura, y se encuentra con toda una sorpresa que la deja impactada. ¡Y que naturalmente no les voy a desvelar! 


A partir de ese momento su cabeza, señala la narradora, “se convertirá en una olla a presión en la que hervirán ideas contradictorias con sabor agridulce”.

Como el tobillo y la pierna de Emi siguen inflamándose escandalosamente, a última hora del día su marido la lleva al hospital, a urgencias. Allí pasará nuestra protagonista toda la noche esperando ser atendida. Observando cuanto acontece en la sala de espera, y dándole vueltas a lo que ella presupone que ha descubierto sobre su marido.

Cuando Emi salga del hospital, ya amaneciendo, sus dudas, miedos, emociones y suposiciones se desbordarán de tal forma que se transformará en otra persona. Capaz de tomar una decisión probablemente imposible en otras circunstancias. Un acto loco del que quizás se arrepienta el resto de su vida…

Les invito y animo a leer “El efecto avispa”, una novela costumbrista, policíaca, de suspense. Van a disfrutar de esta lectura porque es un reflejo de nuestra sociedad, de situaciones cotidianas que casi seguro hemos vivido alguna vez. Como por ejemplo, pasar varias horas en urgencias de un hospital. Aborda también temas, como la incomunicación dentro de la pareja.

Esta historia es buen ejemplo de cómo el ser humano, a veces, en lugar de elegir el camino fácil, la vía del diálogo para aclarar situaciones, opta por la ruta complicada, retorcida e irracional.

Nuestra protagonista, Emi, decide dejarse llevar por la confusión, el ofuscamiento, las malas interpretaciones. Se obsesiona con una sola idea, una intuición, un juicio que desborda su imaginación, y la sumerge en un pozo de histeria y caos emocional.

Su vivencia bien podría ser toda una pesadilla, como queda explicitado al final de la novela. Ustedes, los lectores, tendrán que sacar sus propias conclusiones. Porque a veces nuestras percepciones o sospechas no siempre son lo que aparentan...
Les animo a leer, tanto como puedan, porque la lectura nos ayuda a pensar, a analizar y cuestionarnos cuanto acontece a nuestro alrededor. Leer nos hace más capaces de valorar lo que tenemos y somos, de decidir y actuar sin dejarnos arrastrar por los demás. Las personas que leen mejoran su capacidad de observación, atención y concentración. Desarrollan su creatividad y adquieren nuevos conocimientos.

La lectura es una herramienta extraordinaria para entretenernos, divertirnos. Para aislarnos y desconectar de todo y todos. Toda lectura deja siempre una huella, nos aporta algo. Nos ayuda a conocernos mejor, nos enriquece, nos transforma.

Ya para terminar quiero resaltar que gracias a la iniciativa de la Asociación de Madres y Padres del instituto, y el apoyo de la dirección del mismo, del Ayuntamiento y de la Fundación Castillo Puche, nuestra ciudad, Yecla, cuenta con un certamen literario de gran nivel. Que en este cuarto de siglo de existencia, ha conseguido proyectar la imagen de nuestro más universal escritor en todo el mundo. Y sobre todo ha fomentado la lectura a través de todas las obras publicadas en estos años.

Debemos saber valorar este certamen literario y disfrutarlo. No perdamos la oportunidad de seguir difundiendo y fomentando la lectura de estas novelas de gran calidad. ¡Auténticas joyitas!


Pues ya saben, pónganse cómodos en casa y a leer "El efecto avispa".

Al terminar el acto podrán recoger su ejemplar. Y pedirle a la autora, a Chelo Sierra, que se lo firme. Muchas gracias por su atención.










domingo, 3 de diciembre de 2017

A vivir sin juicios




Ayer asistí al café tertulia “Vivir sin juicios” organizada por AMITES YECLA, O.N.G. Durante la charla el ponente, Cristóbal Altamayo Sánchez, nos animó a dejar de emitir juicios negativos sobre nosotros mismos y los demás. Nos invitó a dejar de castigarnos y machacarnos para convertirnos en nuestro mejor amigo. Solo aceptándonos plenamente podremos sentir paz interior y estaremos en disposición de desarrollar todo nuestro potencial, para dar lo mejor de mí en todas las circunstancias que la vida nos presente. Liberándonos de la queja, la culpa y el victimismo podremos cambiar lo que se pueda, sin instalarnos en el dolor y el sufrimiento crónico.  

“Nos juzgamos continuamente. Somos expertos en machacarnos y esto nos acarrea mucho sufrimiento”.

“Poseemos una tremenda habilidad para juzgar todo aquello que no nos sale bien, como yo quiero. Lo  hemos aprendido de forma inconsciente desde niños en la familia, en la escuela. Nos hemos creído lo que nos decían, las etiquetas que nos iban colocando. Y nos hemos identificado con ellas”.

“Me condeno a mí mismo y sufro inútilmente. Esta actitud nos encorseta, nos limita. Nos impide crecer como personas. Cuando me libero del juicio a mí mismo, me permito ser yo mismo y me pongo en disposición de desarrollar todo mi potencial”.

“Tenemos que cambiar nuestro diálogo interno. Convertirnos en nuestro mejor amigo. Hablarnos en voz alta con cariño, tolerancia, paciencia. Debemos aceptarnos incondicionalmente. Así nos liberaremos del juicio negativo. No me tengo que exigir ser perfecto, ni compararme con nadie”.

¿Por qué nos cuesta tanto perdonarnos? Tenemos que aceptar nuestros errores y aprender de ellos. Tenemos que centrarnos en lo que soy, en lo que sí he conseguido. Vivir el presente con mayor plenitud y libertad.

“Tenemos que saber que cada uno de nosotros es muy valioso. Nuestra esencia es preciosa pero somos como una cebolla. Nos hemos ido colocando capa tras capa. Miedos, heridas sin sanar, creencias, etiquetas, juicios, culpas… Que nos impiden ver lo maravillosos que somos. Somos amor, bondad, ternura, sensibilidad…”

“Juzgar a los demás es un deporte nacional. Todos tenemos una habilidad extraordinaria en criticar, censurar y etiquetar al otro. Ver sus sombras y no su luz. Cuando criticamos nuestro ego se crece, nos sentimos superiores. Y no nos damos cuenta que en realidad estamos hablando mucho de nosotros mismos. De nuestra falta de empatía, tolerancia, respeto, asertividad, sensibilidad, comprensión, compasión. Y me refiero por compasión a comprender, a sentir y a acompañar al otro”.

“Aceptar y respetar al otro no quiere decir que comparta su forma de ser y de actuar. Pero si hablo con él cara a cara le daré la oportunidad de mejorar. Crezco yo y crece él”.

“Cuando en un grupo están despellejando a alguien que no está allí, qué hago yo. Alejarme, no intervenir. Unirme a la crítica. Pedir que no hablen de quién no está presente. O resaltar lo positivo de esa persona para desmontar ese juicio”.

“A veces no nos comportamos como realmente somos por miedo al juicio, a la crítica de los demás. Si actúo así mi salud emocional la coloco en manos del otro. Una crítica es solo una opinión. Y por qué me la tengo que creer. No me resta ni un ápice de mi valía personal”.

“Si pierdo los papeles ante una crítica, si reacciono, si me afecta el otro irá a por mí, a machacarme. Si le quito importancia al juicio del otro me doy permiso para ser yo mismo. Lo que digan de mí solo será una opinión. Me libero de todas las etiquetas tanto positivas como negativas que me han puesto los demás”.

“Debemos ser asertivos. Decir sí, cuando quiero decir sí; y no, cuando quiero decir no. Hay que decir lo que realmente pensamos en el momento adecuado, con tacto, sin arrollar, sin herir”.

“Las etiquetas positivas tampoco son buenas. Resultan agradables pero si nos apegamos demasiado a ellas, si nos las creemos, nos exigirán siempre ser por ejemplo generosos, trabajadores, amables. Y puede que no siempre nos apetezca o podamos serlo. Nos pueden chantajear, manejar”.

“No elegimos una enfermedad, ni un despido, ni una ruptura de pareja o la pérdida de un ser querido. Pero sí puedo elegir entre hundirme o adoptar una actitud positiva frente a las circunstancias que la vida me presenta, para intentar mejorar la situación. Hay que aceptar la vida tal y como nos va llegando y centrarnos siempre en el presente. Cada día es un regalo”.

“La vida duele, el dolor es inevitable. Hay que ser capaz de aceptar lo que nos pasa, de sacarlo, de expresarlo, de compartirlo, de llorarlo. Hay que saber vivir el duelo. Otra cosa bien distinta es el sufrimiento. Es decir, elegir quedarme enganchado en ese dolor de forma crónica. De mí depende. Yo decido, yo escojo”.

“Os animo a decidir vivir sin juicios. A vivir siempre en el presente. A liberarse de la culpa, a ser tú mismo, a conectar con tu esencia y con la del otro. Así seremos mucho más felices”.



sábado, 25 de noviembre de 2017

Ellos sí que merecen una explicación


Lo que me hubiera gustado no tener que escribir estas líneas pero quiero y necesito hacerlo. Dentro de poco ya no me verán por Servicios Sociales porque dejaré de trabajar allí. No he aprobado el segundo de tres exámenes de mis oposiciones y por tanto me quedo sin trabajo. Así funciona la Administración Pública. Por mucho que te hayas implicado en tu trabajo y tengas más o menos cualidades y habilidades, eso no cuenta, no puntúa, si no apruebas vas fuera. Es duro y probablemente injusto pero así está establecido. Así que los que piensan que en la Administración Pública nos regalan el puesto ya ven que no. Me siento triste y cansada porque me he esforzado muchísimo y no he conseguido lo que quería.

Durante estos años mi trabajo me ha enseñado a conocer mucho mejor a las personas y también a valorar lo que tengo. Y por ‘tengo’ no me refiero a lo material. La salud, la pareja, los hijos, la familia, los amigos, esos son los pilares que nos sustentan y nutren. Si fallan el edificio se hunde.  Y claro que lo material cuenta e importa, por supuesto. Porque todos necesitamos unos mínimos ingresos para vivir dignamente.

Si algo tengo claro es que siempre procuré tratar a todo el mundo, al teléfono y presencialmente, como me hubiera gustado que me atendieran a mí. Pero por supuesto no soy perfecta, y quizás alguna persona en algún momento no salió tan satisfecha y bien atendida como merecía. Por ello aprovecho para pedirle disculpas.

En estos años he vivido momentos de todo tipo. Algunos tensos y desagradables. Pero siempre intenté pensar que el ataque verbal, la crítica, la amenaza, o la falta de educación no iba hacia a mi persona o a la de mis compañeras, iba hacia el mundo en general. Porque cuando se vive recibiendo un palo tras otro, cuando no consigues lo que quieres o crees que te mereces la situación te desborda, te supera y es muy  difícil contenerse y no reventar descargando tu rabia, tu indignación y  desesperación con el que te encuentras enfrente. Aunque tampoco se saca nada con esa actitud. Ante situaciones límite a veces las personas se transforman en lo que realmente no son. El ejemplo es que algunas de ellas vinieron después a pedirme disculpas, y me agradecieron que hubiera sabido comprenderles. Esos gestos te tocan mucho el corazón.

Pero yo me quiero quedar con lo bueno, con lo positivo, con lo que aporta y suma. Con el afecto que me han mostrado muchas personas que compartieron conmigo un trocito de su vida. Situaciones tan difíciles e injustas que te las llevas a casa, y te hacen reflexionar y cuestionarte muchas cosas. Ellos necesitaron desahogarse, compartir lo que sentían, con una naturalidad, cercanía, sencillez y confianza que me sorprendían. Yo les supe escuchar y sé que les ayudé, lo justito quizás, pero esa experiencia me hizo sentirme tan bien. Cuantas lecciones de vida me han dado, cuantos ejemplos de fortaleza, entereza y superación.

Y si yo les ayudé eso no es nada comparado con el trabajo que realizan cada día mis compañeras. Son un gran equipo, en continua formación, grandes profesionales y buenas personas. Por favor que nadie lo cuestione o lo ponga en duda. Les aseguro que una parte del trabajo que realizan afecta, implica y repercute emocionalmente y eso no se paga con dinero.


Creo que la gente, todos, buscamos y necesitamos que nos traten con un mínimo de afecto y muchísimo respeto. Creo que por encima del trámite o la gestión administrativa, o la queja o reclamación, o la prueba o el seguimiento médico y mil cosas más, lo primero debería ser siempre la persona. Esto y otras muchas cosas he aprendido en todos estos años de trabajo. Y eso es lo que me voy a llevar.