jueves, 22 de enero de 2026

Los tres mundos

 

 

Santiago Posteguillo nunca defrauda, al menos a mí. El Imperio romano con su legado lingüístico, jurídico, cultural, político, artístico y religioso que tanto ha influido en la civilización occidental siempre me ha resultado, apasionante. La novela amena y bien documentada, con capítulos que alternan distintos escenarios, circunstancias y una gran variedad de personajes, engancha de principio a fin. El autor consigue transportarnos a la época de Julio César, en el 58 a.C., a Roma, la Galia y Egipto. A un momento histórico, lleno de intriga, estrategia, batallas y asedios, en que aliados y enemigos se enfrentan por el poder de gobernar.

Con esta novela Posteguillo nos muestra la faceta de César más como militar y conquistador, que como político y orador. Un personaje complejo, con una vida personal muy traumática en ciertas ocasiones. Se enfrenta a uno de los mayores desafíos históricos de todos los tiempos: la conquista de las Galias. César trasladó la frontera del Estado romano del norte de Italia hasta el mismísimo Rin. Aunque en algunos momentos las batallas extensamente explicadas al detalle se pueden hacer un poquito pesadas, se lleva bastante bien. La novela, larga e intensa, requiere máxima atención, te absorbe por completo. Los tres mundos es el tercer libro de lo que va a ser una pentalogía sobre Julio César. El autor nos deja con ganas de más, quedan muchos asuntos pendientes.

Comparto algunas frases de los personajes de la novela que he sentido tan, tan actuales. Invitan a la reflexión. 

“El descontento popular conduce a las revueltas, y las revueltas a la desestabilización global de todo un estado”. 

“La eterna historia del mundo, amigo mío: unas monedas de oro siempre marcan la diferencia. El arte de la política está en saber siempre a quién ofrecérselas”.

“La lealtad nunca se consigue por el miedo. No la lealtad auténtica. Se consigue por amistad, por admiración o por amor”.

“Son muchos ya mis años y la experiencia me dice que la radicalidad nunca conduce a nada bueno”.

“Está considerando alterar todas las legislaciones existentes y ajustarlas a su antojo en beneficio de sus seguidores extremistas. De la locura nadie está a salvo una vez que ésta campa a sus anchas”.

“Sospechaba de todos los senadores. Sus motivaciones solían ser siempre económicas y personales y muy pocos se preocupaban en verdad por el bienestar del pueblo de Roma”.

“El instinto de supervivencia dota al ser humano de fuerzas casi sobrenaturales”.

“Está bien mantener una línea de comunicación con todo el mundo. Con los enemigos políticos en especial”.

“El rencor duerme, a veces se doméstica y hasta se aprende a convivir con él a lo largo de una vida. Pero nunca jamás se desvanece por completo en el corazón de un auténtico guerrero”.

“Dictador es una palabra con malas connotaciones. Llamémoslo mejor cónsul único. Te sorprendería lo que la gente, sutilmente engañada por el sortilegio de los eufemismos, puede llegar a aguantar”.

“Marco Antonio era un magno compendio de defectos, pero tenía una virtud clave en el ejército romano: era fiel. Leal a sus mandos y con los hombres bajo su mando. Era un líder nato”.

“Ni los galos, ni los britanos ni los germanos habían podido con Cayo Julio César, pero la muerte de su hija y de su nieto había sido una derrota total, absoluta, incontestable. Estaba seguro de que César ya nunca sería el mismo”.

“Cuando el jefe militar siente miedo, ese mismo pánico se transmite de unos a otros por toda la cadena de mando, desde el legado a los tribunos, de éstos a los centuriones y así hasta el corazón asustado de cada uno de los legionarios”.

“Sabía que ya había sembrado la semilla de la discordia, que crece con la envidia y se riega con la ambición”.

“Hay decisiones que pueden cambiar la vida y el mundo. O que pueden suponer la muerte para muchos. Incluso para uno mismo. Hay decisiones que se han de meditar”.

“La naturaleza humana parece no tener fin cuando se da rienda suelta a la codicia”.

“Has de ascender políticamente y, luego, ya se irá viendo con quién de todos ellos, César, Cicerón o Catón, hay que pactar”.

“Yo pactaría con el Plutón del inframundo si eso nos diera poder. Luego una vez en el poder, ya me vengaría de mis enemigos, uno a uno”.

“Los aliados no se devoran entre sí”.

“Una negociación no puede llegar a buen término nunca si una de las dos partes simplemente se niega a negociar nada”. 

“Alimento sus ansias de poder para resquebrajar aún más la familia real, para crear divisiones y discordia entre los hermanos. Si la familia real se uniera nuestro poder decaería exponencialmente. Los necesitamos divididos para favorecer nuestro control del reino”.

“Cleopatra tiene una cierta tendencia a una compasión por el pueblo que pude chocar por completo con los intereses de los santuarios y templos. Cleopatra, me consta, siempre ha pensado que el clero somete a los egipcios a tributos excesivos”.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

La nacionalidad del peinado

 

Una de mis amigas, gran lectora, me acercó a casa esta novela de la jumillana María Pilar Pérez. La historia, muy bien documentada, engancha de principio a fin.  Aborda, desde diferentes puntos de vista y con una visión de conjunto muy eficaz, el conflicto político y sectario en Irlanda del Norte, una lucha por la identidad y la autodeterminación, que causó miles de muertos entre católicos republicanos y protestantes unionistas desde finales de los años 60 hasta 1998. 

La autora nos habla de amistad, de violencia, pérdida, venganza, pertenencia e identidad. A través de Luisa, una joven que se instala en Belfast para mejorar su nivel de inglés, iremos conociendo los distintos conflictos generacionales y culturales de unos personajes, muy bien construidos, llenos de cicatrices, inquietudes e intereses. Luisa irá descubriendo la fina línea que separa el amor del oído y se cuestionará, entre otras cosas, qué conforma la nacionalidad de un individuo.


domingo, 21 de diciembre de 2025

La muy catastrófica visita al zoo

 

 

Joël Dicker con un cambio de registro sorprendente nos regala una novelita preciosa donde el misterio se convierte en enseñanza, crítica y reflexión. Una historia infantil narrada en primera persona por la encantadora Joséphine que se convierte en una inteligente y acertada crítica sobre el mundo adulto. Le recomiendo este libro entretenido y divertido, con una potente moraleja, a todos. Resulta imposible no empatizar y sonreír con el grupo de niños protagonista. Y descubrir capítulo a capítulo que damos por sentadas muchas cosas que se están perdiendo. Y que los adultos que hablan mucho, escuchan poco y piensan aún menos.

El autor nos hace reflexionar sobre enseñanza en valores, educación, integración, inclusión y el respeto a la diversidad. Los protagonistas de la novela, cada uno tiene su voz, su forma de pensar y una lógica que, aunque infantil, muchas veces deja en evidencia a los mayores, desenmascaran las contradicciones de una sociedad que predica unos valores que luego no practica.

Me parece una lectura muy recomendable, que resulta amena y sencilla. Y dice mucho más de lo que aparenta. Los protagonistas nos irán demostrando que todos somos valiosos y diferentes, y que nunca deberíamos menospreciar a nadie. Trabajando en equipo, cada uno con sus características, resulta más fácil superar las dificultades. 

Esta frase como otras muchas me encantó. “En el fondo, las personas son como las estrellas: tienes que mirarlas atentamente para darte cuenta de lo mucho que brillan”.