sábado, 20 de febrero de 2021

La verdad sobre el caso Harry Quebert


En la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire, es asesinada una joven de quince años, Nola Kellergan. Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor Harry Queber, autor de una aclamada novela. Poco a poco descubrirá que su amigo tuvo una relación secreta con la joven. Cuando aparece el cadáver de la chica la vida de Harry se complicará mucho. Y entonces Marcus empezará a investigar a la vez que escribe un libro sobre el caso para demostrar la inocencia de su mentor Harry.

 La novela de Joël Dicker que se convirtió en un superventas mundial y que se ha traducido a más de 33 idiomas es sublime. Te absorbe, te engancha, te atrapa de tal manera que te obliga a leer sin descanso.  Entras en la trama como si lo estuvieras viviendo en primera persona. El ritmo de la narración nunca disminuye, tiene tantos giros de guion que hasta la última página no sabes qué pasó realmente. Es una maravilla.

 

sábado, 13 de febrero de 2021

Mujeres que no perdonan

 


La novela nos presenta a tres mujeres, Ingrid, Victoria y Birgitta. Para el resto del mundo llevan vidas aparentemente perfectas pero las tres tienen un punto común: viven sometidas a sus maridos. Y un día, llevadas al límite, planean, sin tan siquiera conocerse, el crimen perfecto.

La autora, Camilla Läckberg, afronta uno de los problemas que en la sociedad actual busca mayor concienciación: la violencia de género en el entorno del hogar.

La novela que va alternando en capítulos muy cortos la historia de las tres protagonistas resulta ligera, ágil de leer.

A Camilla Läckberg, una popular escritora sueca de novelas policíacas, ya la he leído en varias ocasiones. Me gusta mucho como escribe, pero siendo sincera no considero que esta sea precisamente una de sus mejores novelas. Me decepcionó un poco, espera más.

Aunque también es justo reconocer que esta novela nada tiene que ver con las demás.

Los libros de Läckberg transcurren en su lugar de nacimiento o sus alrededores, Fjällbacka, una pequeña ciudad de la costa occidental sueca, y sus protagonistas son el policía Patrik Hedström y la escritora Erica Falck.

La temática de sus novelas parte siempre de un asesinato, y durante su investigación van surgiendo los secretos y miserias de sus protagonistas, habitantes de Fjällbacka. En ocasiones se remonta al pasado para encontrar los orígenes y causas de los crímenes.

 

sábado, 6 de febrero de 2021

Un hipster en la España vacía

 


Enrique se instala en una casa familiar en La Cañada, un pueblo de Teruel, para alejarse del ritmo de la vida en la ciudad, montar un huerto colaborativo y olvidar a su exnovia. Hace yoga en el corral por las mañanas, busca quinoa en la tienda, intenta encontrar cobertura en las eras para alimentar su Instagram y monta un taller sobre nuevas masculinidades.

Daniel Gascón nos da la oportunidad de disfrutar de una historia de aventuras y un retrato irónico del choque de la sensibilidad urbana y la visión rural. Nos descubre un microcosmos que refleja los debates centrales de la actualidad con una perspectiva reveladora.

El libro resulta muy entretenido, revelador, irreverente. En algunos momentos tan irónico y crítico, tan real, que solté alguna que otra carcajada porque cerraba los ojos y allí estaba junto a Enrique y los vecinos del pueblo.  

domingo, 8 de noviembre de 2020

El virus que todo perturba


 

Me despierto demasiado temprano, sin necesidad alguna de madrugar porque hoy es domingo. No puedo volver a conciliar el sueño y me siento frente al ordenador. Desde hace meses me enfrento a la página en blanco, me reto a escribir una y otra vez y no lo consigo. No es la primera vez que afronto la angustiosa sensación de sentir que igual ya he perdido ese pequeño y quizás único talento que tengo. También siento que estoy incumpliendo la promesa que le hice a una profesora de literatura. “Nunca dejes de escribir”, me dijo cogiéndome de las manos, tras finalizar el evento donde otra de mis mejores profesoras de literatura recibió un merecidísimo reconocimiento.

Pues precisamente pensando en ellas, que dejaron ya de pasearse por este mundo, siento que dentro de mi cabeza una débil vocecita me dicta, me provoca y anima a sacar cuanto llevo dentro. Y lo que llevo dentro es seguro lo mismo que todos vosotros. Una pelota de incertidumbre, desasosiego, sorpresa, inestabilidad, inseguridad, decepción, zozobra y miedo, que unas veces mengua y otras crece por la situación que estamos viviendo.

Un microorganismo compuesto de material genético, microscópico, que solo puede reproducirse dentro de las células de otros organismos, además de hacernos enfermar en mayor o menor grado, dejar secuelas, y provocar o acelerar la muerte, está consiguiendo desestabilizar, desmontar, confrontar y poner del revés a nivel político, económico y social el barco en el que todos viajamos.  

Qué etapa tan difícil, tan desequilibrada y variable, tan de película, de ciencia ficción, nos está tocando gestionar, vivir, sin manual de instrucciones. No, no voy a caer tal vez en lo más fácil en estos momentos, en juzgar, en criticar, en buscar responsables y culpables de la situación en la que estamos. Pero sí me atrevo a decir que nuestros principales líderes políticos, y los incluyo a todos en el lote, me están decepcionando y demostrando, como otras veces, que no están a la altura, que piensan mucho más en sí mismos, en mantenerse en el cargo que ocupan, a costa de lo que sea, que en proteger y sacar adelante a toda una nación.

A estas alturas ponerme a investigar de dónde, cómo y por qué ha surgido este virus ya no me aporta, no me interesa. Hay tantas elucubraciones y versiones que uno se pierde, se desconcierta y agota. Ahora lo que realmente me preocupa e importa, y pido, es que confíen, permitan y sigan las indicaciones, obedezcan, a los investigadores especializados en virología, a los que estudian y saben cómo un virus infecta, invade y provoca una determinada respuesta inmunológica causando diferentes tipos de daños en su huésped.

A ver si somos todos capaces, de una maldita vez, de remar en la misma dirección. Seamos sensatos, por favor, lo que estamos viviendo sólo se puede combatir con responsabilidad individual y comunitaria, con solidaridad y civismo, desde todas las áreas y frentes. Y por supuesto conociendo en todo momento la realidad de la situación, sin manipulaciones, sin empequeñecer ni magnificar el problema.

Si algo parece que tienen y tenemos claro frente al virus que nos ataca es que se ceba con las personas de edad avanzada, y con los organismos más debilitados y sensibles, enfermos, por convivir con patologías varias. Ante una sociedad que sólo nos mide por lo que producimos y consumimos, por el ‘tanto tienes tanto vales’, a menudo me pregunto qué intenciones tenemos con todos ellos, hasta dónde seríamos capaces de llegar. Cada vez que alguien expresa alegremente que le da igual que los ancianos se mueran, incluso que casi conviene y todo que esto suceda, me remuevo por dentro.  

Por supuesto que todos moriremos, nadie es inmortal. Y tengo muy claro que prolongar la vida cuando ya no existe posibilidad de remontar a veces causa más dolor, deterioro, frustración, culpabilidad y desconsuelo que otra cosa. Pero no usemos esto de excusa ante una realidad que ya se conocía pero que ahora, con el Covid, ha visto mucho más la luz, el maltrato y abandono de personas ancianas.

Y tampoco utilicemos esto, el Covid, el miedo, la desinformación, el patio revuelto, los intereses económicos encubiertos, para bajar la guardia, como ya está sucediendo, con el diagnostico, el seguimiento, los tratamientos, y la investigación de otras patologías y enfermedades, como por ejemplo el cáncer, capaces de causar mortalidad a edades muy tempranas.

Creo que todo ser humano es único, válido, irrepetible. Y tiene que ser tratado, con o sin enfermedad, con menor o mayor edad, sea una u otra su capacidad económica, con la máxima humanidad, respeto y atención hasta el final de sus días.  

Ya para terminar os invito a reflexionar con las palabras de Mary Beard, historiadora inglesa, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2016.

“Como historiadora, creo que en unos cientos de años verán nuestro tratamiento al anciano del siglo XXI como una gran mancha en la cultura. Algo así como los manicomios del siglo XVIII. Habrá muchos libros y tesis doctorales sobre cómo y por qué lo hicimos tan mal”.

 

jueves, 19 de marzo de 2020

Calma, higiene y poca vida social



Cuando empecé a oír hablar sobre el coronavirus pensé que China estaba muy lejos y que esa situación no nos podía afectar. Quizás en las relaciones y transacciones económicas sí, pero no a nivel social, físico, sanitario y emocional. Ahora, en este preciso momento, ponernos a discutir si se tomaron o no las medidas adecuadas para que este virus no penetrara y se expandiera por nuestro territorio de poco nos sirven. Está campando a sus anchas por Europa y por el resto del mundo, y para malgastar energías no estamos.

Desde hace semanas nos están bombardeando desde muchos frentes con toda clase de informaciones, confabulaciones, predicciones y supuestos que en la mayoría de los casos nos está provocando mucho miedo, angustia, ansiedad, desconfianza y alarmismo. O dejamos de hacer caso y de compartir por redes sociales todo aquello que no provenga de una fuente oficial, es decir, de los que realmente entienden de la materia, de nuestro sistema sanitario, nuestros médicos, científicos e investigadores o vamos a terminar, como ya está sucediendo, comportándonos masivamente de forma irracional, inadecuada y contraproducente.

Por favor vamos a calmarnos todos, no nos dejemos llevar por la histeria, porque nuestros expertos sanitarios nos están diciendo que aunque resulta muy contagioso el 85% de las personas que lleguen a padecerlo simplemente pasarán unos días un poco pachuchos en casa, más o menos como si de una gripe se tratara.  Es verdad que en algunos casos si se precisará de un ingreso hospitalario, pero aun así la mayoría lo superará sin grandes complicaciones.

Quienes sí pueden tener problemas muy serios, y morir, no nos lo están ocultando, son las personas de mayor edad, nuestros abuelitos, y todos aquellos que padecen distintas enfermedades o afecciones crónicas. Por eso precisamente para proteger a los más vulnerables, resulta vital, urgente, parar la cadena de contagios. Y como ya hemos podido comprobar con los chinos la forma más rápida de hacerlo es aislarse socialmente, porque el virus se pasa de una a otra persona.

Por favor seamos sensatos, solidarios, responsables y afrontemos esto de una vez con cordura, orden, tranquilidad, calma y paciencia. No permitamos que el miedo, el pánico, se apodere de nosotros. Contamos con información suficiente para hacer lo posible para prevenir contagiarnos, podemos consultar cuantas dudas se nos presenten. Obedezcamos, salgamos solo de casa para lo realmente necesario. Vamos a confiar en nuestro sistema sanitario, tenemos que ayudarles, apoyarles, liberarles de una sobrecarga, de un colapso, para que consigan que este virus se lleve por delante a la menor cantidad de personas posibles.

Por tus padres, por los míos, nuestros abuelos, tíos, suegros, familiares y amigos cuya salud es más delicada, más endeble que la tuya o la mía, dejemos de comportarnos como imbéciles, seamos solidarios, caminemos unidos para que esta pesadilla que tantas repercusiones económicas nos va a dejar acabe cuanto antes.

Cuídate y cuida de los tuyos. Hagamos uso de nuestro maravilloso humor e ingenio, de nuestra creatividad. Tenemos muchos recursos, opciones e ideas para hacer llevadero nuestro confinamiento en casa. Vivimos una situación nueva, excepcional y temporal. La vida nos está dando una gran lección en muchos sentidos.

Unidos somos mucho más fuertes de lo que imaginamos. Vamos a poder con esto y con más. Tenemos la ocasión de comportarnos como seres humanos extraordinarios o vulgares y mezquinos. Tú, qué eliges.