miércoles, 15 de abril de 2015

“La decisión de Pablo”

Autor: Carol Bellver Fotografia


Este relato ha obtenido el 1º Premio del I Concurso de Relato Breve organizado por el CAVI-Yecla dependiente de la Concejalía de Juventud, Infancia y Mujer
del Ayuntamiento de Yecla.

Desde hacía semanas Pablo intuía que el anuncio de la separación de sus padres era inminente. Poco o nada parecía poder hacer aquel chiquillo, para anular aquel cambio que tanto modificaría su vida y la de su hermana. Una adolescente pija y egoísta, que en opinión de Pablo, hubiera podido contribuir a mejorar la relación entre sus padres, en lugar de enfrentarles una y otra vez por sus caprichos y ansia de libertad. 

A Pablo su abuela, la persona con la que más tiempo pasaba cada tarde y que mejor le comprendía, le había explicado que podría seguir viendo a su padre siempre que lo deseara, aunque no convivieran bajo el mismo techo. Sin embargo el niño se negaba a rendirse. Algo se podría hacer para evitar aquella catástrofe.

Una tarde, simulando realizar los deberes, Pablo escuchó una conversación entre su madre y abuela, que de inmediato le provocó una gran sonrisa.
¡Por fin había encontrado una solución! Al parecer el cansancio, los cambios de humor y los llantos mal disimulados de su madre, se debían en gran parte porque era ella quién cargaba con todo el trabajo de casa. Trabajo no valorado ni recompensado por parte de su padre, que sí disponía de tiempo libre para hacer cuanto le apetecía.
Pablo tomo una decisión. Era preciso intervenir y rápido. Habló con su hermana e idearon todo un plan. Entre los dos se repartirían tantas tareas de casa como les fuera posible realizar a escondidas. La idea era que su madre creyera que era su esposo el que las llevaba a cabo. Los chiquillos se esforzaron en coordinarse y trabajar en equipo.
La madre no daba crédito al cambio tan radical, que de un día para otro, había experimentado su marido. Que también estaba desconcertado por el afecto y la complicidad que volvía a mostrarle su mujer. 

Todo parecía funcionar de maravilla. Hasta que la abuela les descubrió, y sentó a ambos adultos para explicarles lo que sus hijos estaban haciendo por ellos. Un mar de lágrimas recorrieron las mejillas de ambos que se fundieron en un intenso y largo abrazo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario