domingo, 24 de abril de 2016

A la biblioteca, bien armados


Entrar a una librería y esperar a que te atiendan, si no vas con el tiempo escaso, hay veces que te satisface y recompensa. Yo aprovecho esos minutos para fijar mi atención y ojear, con mimo y cuidado, los libros y cuentos accesibles a mis manos. También y no lo voy a negar para prestar atención a conversaciones que nutren, porque son verdaderas críticas literarias e interesantes recomendaciones sobre autores noveles. Pero como la moneda de la vida siempre presenta dos caras, en ocasiones te ves inmersa en conversaciones que preferirías no oír porque espantan y deprimen.

Hace unos días tuve la mala suerte de coincidir con seis jovencitas, muy monas ellas, que presumían de no tener intención de leer el libro que estaban comprando, por imposición de la profesora, no por voluntad o interés propio, si esta lectura no entraba finalmente en el examen. Cuando una de las chicas comentó que a veces sacaba los libros, obligados, de la Biblioteca Municipal el resto confesaron divertidas que jamás habían pisado semejante lugar. Bueno, matizaron dos de ellas que sí lo conocían, por una excursión que hicieron cuando cursaban Primaria. Pero que no les pareció gran cosa. Al parecer se fijaron más en si las pareces tenían o no gotelé. Terminó que una de ellas desconocía y las otras se pusieron a explicarle. Os juró que me mordí la lengua. Y me dieron bastante penica.

Luego, al llegar a casa una amiga me había dejado en mensaje privado por Facebook una noticia que me dejó descompuesta. Vamos, que rematé bien la tarde. Resulta que la Asociación Nacional del Rifle (NRA), poderosa institución norteamericana, con la ayuda de la escritora Amelia Hamilton les están dando una nueva visión a los clásicos infantiles. Ahora los protagonistas de los cuentos que leímos de niños, portaran armas para defenderse de lobos, brujas y demás.

Comentan los responsables de semejante iniciativa que con esto quieren evitar que los niños se vayan “tristes” a la cama tras leer estas historias. Y que las mismas pueden servir “para iniciar la conversación sobre armas entre padres e hijos”. ¿No te has preguntado cómo serían los cuentos de hadas si a las Caperucitas, Hansels y Gretels les hubieran enseñado a usar armas de fuego con seguridad? señala Amelia Hamilton.

Ladd Everitt, portavoz de la Coalición para Detener la Violencia Armada, declaró recientemente a The New York Times que “la única intención de esta desagradable y moralmente depravada campaña de marketing, es la de crear futuros clientes”.

Supongo que más de uno, como me sucede a mí, se ha quedado perplejo y horrorizado ante semejante iniciativa. Parece mentira que la NRA y esta escritora ignoren el problema que sufre su país en relación a las múltiples masacres en institutos y espacios públicos, y los accidentes protagonizados por niños de corta edad. El año pasado 278 niños estadounidenses empuñaron un arma, y accidentalmente hirieron a alguien o a ellos mismos. En 2016 ya son 58 los sucesos registrados.

El caso es que a pesar de la polémica y críticas suscitadas, y los reproches de la administración de Barack  Obama los niños americanos ya tienen en sus manos las nuevas versiones de “Capertucita Roja” y “Hansel y Gretel”. Y desde mayo podrán leer “Los tres cerditos”.

Recordando a las seis adolescentes del inicio de mi artículo, sin querer ser borde ni retorcida, y por supuesto nada más lejos de mi intención que  promover semejante propuesta americana, me da por pensar lo siguiente. ¿Les resultarían mucho más amenas a nuestros estudiantes las lecturas de “El lazarillo de Tormes”, “La Tía Tula”, “Yerma”, “Fortunata y Jacinta”, “Don Juan Tenorio”, “Los Santos Inocentes” y “La Vida es Sueño”, entre otras maravillas de nuestra literatura clásica, si los protagonistas resolvieran sus conflictos, contratiempos, decepciones, inseguridades y miedos defendiéndose y atacando con revólveres, subfusiles, rifles, pistolas y escopetas?


Espero que esos desafortunados cuentos jamás lleguen a España. Y que nunca copiemos en esto a los americanos. Y que nuestra sociedad sea capaz de atraer mucho más a niños, adolescentes y adultos al apasionante mundo de las letras. 

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