lunes, 23 de mayo de 2022

Espía de Dios

 

 

La novela de Juan Gómez-Jurado es un thriller lleno de acción y misterio, repleto de giros, con una narrativa dinámica, entretenida, que engancha desde el primer momento y te mantiene en vilo hasta el final. 

Con “Espía de Dios” viajamos a Roma. Asistimos a la muerte y el último adiós del papa Juan Pablo II y a la ocultación por parte del Vaticano de unos asesinatos, para que la elección del nuevo pontífice llegue a celebrarse con normalidad. La magnífica descripción de los lugares por donde se mueven los personajes te hacen visualizar las escenas como si estuvieras allí. A lo largo de la novela se van entremezclando pasajes de hechos actuales y pasados relacionados con el asesino.

Sin lugar a duda recomiendo esta novela, llena de intrigas, alianzas y un siniestro y macabro juego que pondrá en peligro y enfrentará a varios personajes. Descubriremos sus secretos, fines y objetivos, y nos quedaremos con ganas de saber más sobre los personajes principales muy bien construidos y caracterizados. Paola Dicanti, inspectora y psiquiatra criminalista, que luchará por llegar hasta el final arriesgando su propia vida. El padre Fowler, un ex militar norteamericano, con un pasado muy turbio que le será de gran ayuda, porque sabe quién es el asesino y mucho sobre su vida y forma de pensar. Y Fabio Dante, superintendente de los servicios de seguridad de la ciudad del Vaticano, que pondrá todas las trabas posibles para que los crímenes no salgan a la luz. 

 

martes, 3 de mayo de 2022

Roma Soy Yo

 


Con la primera entrega de la serie dedicada a Julio César, Santiago Posteguillo nos muestra una combinación magistral de exhaustivo rigor histórico y capacidad narrativa. Su obra, cómo siempre muy bien documentada resulta fácil de leer, entretenida. Disfrutas con ella y te quedas con ganas de leer la siguiente entrega. La novela trata de política y de derecho, de relaciones internacionales y clases sociales.

 

“Roma soy yo” nos muestra la inestabilidad política, los independentismos, las guerras civiles y la desigualdad socioeconómica. Santiago Posteguillo nos describe magníficamente las luchas de poder, los distintos intereses y fracciones, las alianzas, corrupción y venganzas. Nos muestra con mucho detalle las campañas militares, y las estrategias y técnicas de guerra de las legiones en las grandes conquistas y derrotas.

 

Asistimos, como si estuviéramos sentados entre el público, al juicio del corrupto y depravado senador Dolabela. El autor se centra en la figura de un joven Cayo Julio César más como abogado que como militar. La Roma que nos describe Santiago Posteguillo contaba con un sistema legal complejo que vigilaba la corrupción y los conflictos de intereses, pero que al final no protegía al débil del abuso del poder.

 

Leyendo la novela te encuentras con reflexiones y diálogos que nos muestran situaciones bastantes similares a las que ahora nos acontecen, y te invitan a pensar y cuestionar. La novela señala el autor “nos muestra como el pueblo de Roma vio en César a un nuevo líder popular, con arrojo, inteligencia y audacia. Un hombre que se atrevió con un juicio donde lo tenía todo en contra y donde se puso del bando de la lucha contra la corrupción y la injusticia. Se alineó con los macedonios, que eran los agraviados, los débiles de esta contienda jurídica. Este juicio marcó un antes y un después en su vida política”.

 

“No se puede cambiar el mundo, Cayo, y este juicio va de eso precisamente. ¿He de recordarte el nombre de todos los que han muerto intentando ese cambio y enfrentándose a los senadores? Ellos siempre han mandado y van a seguir haciéndolo. No hay opción para cambiar nada. Se trata más bien de unirnos a los que mandan o alejarnos de ellos, pero nunca, ¿me oyes, Cayo?, nunca enfrentarse a los senadores optimates. Eso es la muerte. Y lo sabes”.

 

“Cuando hay una crisis grave, no es momento de disputas políticas. Primero hay que resolver la crisis, luego ya habrá tiempo de política. Sólo los malvados o los imbéciles ponen la política por delante en tiempos de grave crisis. Es como ocurrió en Atenas con aquella peste tan grave…”

 

“Pericles fue reemplazado en el gobierno de Atenas por políticos infinitamente inferiores, torpes, poco inteligentes, mal preparados y que en el lugar de gobernar buscando el bien público, el bien del conjunto de la ciudad y sus habitantes, esto es, luchar contra la epidemia y conducir bien la guerra, buscaron sólo la popularidad rápida. ¿A qué condujo la falta de visión y la estupidez de todos esos políticos? A que Atenas perdiera un tercio de su población en la epidemia, a que perdiera la guerra contra Esparta y a que, en definitiva, ya nunca fuera la ciudad que fue. Es un patrón que se repite en la historia, muchacho. De manera cíclica. Sin aparente remedio”.

 

“Porque podemos imponernos por la fuerza de nuestras armas en la conquista, pero sólo podremos preservar en el tiempo lo conquistado si sabemos mantenerlo por la fuerza de nuestra justicia para con todos, no con una justicia que sólo funcione para unos pocos”.

 

“Para Aristóteles sólo es un ser político, esto es, un auténtico gobernante, aquel que busca la virtud, el que está dispuesto a actuar por motivos universales. No podemos tomar decisiones o emitir una sentencia de inocencia o culpabilidad en este juicio por motivos personales, sino atendiendo al conjunto de todos los que hay concernidos por lo que se dirime en esta causa”.

 

 

Sipnosis

 

Roma, año 77 a.C. El cruel senador Dolabela va a ser juzgado por corrupción, pero ha contratado a los mejores abogados, ha comprado al jurado y, además, es conocido por usar la violencia contra todos los que se enfrentan a él. Nadie se atreve a ser el fiscal, hasta que de pronto, contra todo pronóstico, un joven patricio de tan solo veintitrés años acepta llevar la acusación, defender al pueblo de Roma y desafiar el poder de las élites. El nombre del desconocido abogado es Cayo Julio César.

 

Combinando con maestría un exhaustivo rigor histórico y una capacidad narrativa extraordinaria, Santiago Posteguillo logra sumergir al lector en el fragor de las batallas, hacerle caminar por las calles más peligrosas mientras los sicarios de los senadores acechan en cualquier esquina, vivir la gran historia de amor de Julio César con Cornelia, su primera esposa, y comprender, en definitiva, cómo fueron los orígenes del hombre tras el mito.

 

miércoles, 20 de abril de 2022

Y por qué leer

 

 

Cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. No me parece mala idea dedicar un día a concienciar, a dar visibilidad a un fin concreto, en este caso, a promover e incentivar el hábito de la lectura. Pero para lograr que un objetivo tenga éxito, convenza y sume a muchos, conviene ser constante y trabajar en ello cada día.

Desde la infancia, a unos más a otros menos, nos han inculcado el hábito de la lectura. Mi madre nos leía cuentos y nos recitaba poesías, y yo disfrutaba muchísimo con ello. De niña siempre estaba enferma de la garganta. Entonces los pediatras recetaban antibiótico, casi siempre a través de inyecciones.  Recuerdo perfectamente suplicar, llorar, al médico para que me mandara el jarabe de sabor más asqueroso o la pastilla más difícil de tragar con tal de evitar el suplicio de los pinchazos en el trasero. Una vez, nos ha contado muchas veces mi madre, siendo yo muy pequeña tuve una ocurrencia que le provocó un gran apuro. Siempre acudíamos a la consulta de un practicante muy próximo al edificio donde residíamos. El señor ya tenía una edad, poco le faltaba para jubilarse. A los ojos de una niña ya era bastante mayor. Un día le pregunté, cuándo se iba a morir… ¡Bendita inocencia! Mi madre se sonrojó e incomodó bastante conmigo, él ante semejante salida soltó una sonora carcajada y no permitió que mi madre me regañara.

Por supuesto que a mi madre le daba mucha pena que yo estuviera siempre con la dichosa garganta. Para compensar el trance de las inyecciones cuando terminaba el tratamiento me llevaba a una librería, y me compraba el cuento que yo escogía. Nunca me faltaron libretas y colores para escribir e ilustrar mis propias historias. Ya de mayor tuve la inmensa fortuna de tener excepcionales profesoras de lenguaje y literatura, que impulsaron mi afición por leer y escribir. Y después, siempre estuve y estoy rodeada de amigas con las que comparto la maravillosa adicción a la lectura. Ni ellas ni yo concebimos vivir sin leer.

Cuando leemos, señalan los expertos en la materia y ha quedado científicamente demostrado, ejercitamos nuestro cerebro. Leer previene el declive cognitivo, incrementa la concentración, la memoria. Desarrolla y enriquece nuestro vocabulario, mejora la expresión oral y escrita. La lectura aumenta el conocimiento y estimula el intercambio de información. Leer nos permite pensar con reflexión y estar más activos. Reduce los niveles de estrés, el ritmo cardíaco y la tensión muscular. Alimenta la imaginación y la empatía. En mi opinión leer nos hace más libres, nos equilibra, enriquece y sana.

En la vida vamos todos acelerados, siempre corriendo, con poco tiempo para hacer realmente lo que nos gusta y apetece. Al ir tan limitados probablemente el rato que dediquemos a una actividad nos hará renunciar a otra. No seré yo quien juzgue o critique en qué y cómo invierte cada uno su tiempo de descanso, ocio y relax. Pero creo que conviene buscar, reservar, sustituir, un ratito de nuestro tiempo para leer. Tampoco vale de excusa no poder invertir dinero en libros porque disponemos de buenas bibliotecas, muy actualizadas, que nos prestan cuantos ejemplares escojamos. Y en el mundo virtual podemos acceder, de forma bastante asequible, a mucho material.

En otras cosas me equivocaré, pero en esta me parece que no. Nos conviene y mucho practicar la lectura. Resulta una adicción muy saludable, todo son ventajas. Si no hemos generado el hábito desde la infancia o lo perdimos, a tiempo estamos siempre de recuperarlo. ¡A leer!